Solo su cuerpo
ocupa el sofá de una forma inconexa,
por la ventana el sol viaja de un parche a otro de sombra
y reticentes las cortinas ondulan su azul penetrante,
nada se escucha en el santuario del ensueño,
ni un ápice de onda penetra el descanso,
donde el enigma se transforma en imágenes,
nobles desvaríos de una mente desbocada
sin el yugo celoso del control,
nada conspira contra la pausa del silencio,
sueña
que ignora su alma entera,
el poder analítico estancado,
concede una tregua,
en la tarde imposible.