Solo su cuerpo …

Solo su cuerpo

ocupa el sofá de una forma inconexa,

por la ventana el sol viaja de un parche a otro de sombra

y reticentes las cortinas ondulan su azul penetrante,

nada se escucha en el santuario del ensueño,

ni un ápice de onda penetra el descanso,

donde el enigma se transforma en imágenes,

nobles desvaríos de una mente desbocada

sin el yugo celoso del control,

nada conspira contra la pausa del silencio,

sueña

que ignora su alma entera,

el poder analítico estancado,

concede una tregua,

en la tarde imposible.

Invoco tu voz … (a Ronnie Adamson)

Invoco tu voz exponiendo el consejo, de la futilidad del momento feliz, que la playa fidedigna que nos sostiene, se evapora a pesar de nuestro indignado esfuerzo, entonces la zozobra, como el caudal de un arroyo, arremolina la cabeza infantil, que por vez primera acepta, con la brisa húmeda del río soplando en bloque las ultimas nubes perezosas del crepúsculo, que no hay modo de apresar las emociones, que reconocer esta angustia es una forma de grabar con una daga el marco del tiempo mientras el río azafrán todo lo envuelve, luchando por no ser menos que el cielo, prolongamos el paseo ateridos al misterio perfecto cavilando tus palabras, apretando el calor de tu mano en aquel presente, obligo la promesa de atesorarte en ese delta imaginario, en el silencio cóncavo de la noche que nos arropa apresurada….

Plaza San Martín…

Permanecen blandos los lirios entre jardines aburridos de abarcarlos, a la sombra se pasea mi alma por la tierra, los caminos trazados para el disfrute de la razón, un paisajismo que calma las aprensiones combatiendo lo aleatorio, la plaza respira con la calma de los grandes espacios, ocultando sus pequeños recovecos hambrientos de presenciar  desamores , susurradas promesas; banco de piedra, un anciano vetusto en su postura alimenta unas palomas que arremolinan azules su codicia mientras exacta una campanada vuela en todas direcciones, las voces infantiles estallan en picos decibelios, frases sin sentido explicando las reglas que garantizan la diversión debajo del ombú,  rectángulo el arenero llena mis pupilas mientras desanuda la pila bien ordenada de los recuerdos con su impenetrable permanencia.

Musitan…

Musitan las voces mientras persistimos a la espera rectilínea del juzgamiento, un sitio en la burocracia retrospectiva de nuestras certezas, para allí encontrar la manera de juzgarnos en fases acordes al descreimiento que nos acompaño, y los vaivenes espirituales que nos sacudieron al céfiro de la duda; como categorizar los estados y las horas dedicadas a la desconfianza de abocarnos definitivamente a la creencia, merodeamos por infiernos atónitos, avernos a medida , empuñamos la tragedia que se reglamenta según la imaginación, sin testimoniar agotamiento, nos abandonamos confortables, mientras la pira impaciente abrasa sin remedio, expresandonos en pequeños gestos ya sin importancia en la ultima frontera, donde todo acto se explaya en la trivialidad de saberse fútil, en vano disfrutamos, hasta el desenlace, de nuestro escepticismo mientras se extingue dichoso, perennes suenan las ruedas con despojada alegría, calladas muelen, y no saben…

Juntos…

Juntos dan el paso que cubre la próxima estrella en el reflejo,  las ilusiones intactas no saben del futuro o lo ignoran a conciencia como una venganza anticipada,  entretanto conjugaciones de arena y espuma van  lavando las promesas,  idilios dulces y pretéritos,  el momento con la fuerza del conjuro es la  risa del mar que sacude los trópicos colándose en cada intersección,  afectando la conciencia que discordia en las sombras,  un bote se mece y estremece la madera , que protesta en sonidos acostumbrados,  la rama se suelta del árbol ajena al dilema,  se abrazan,  mientras las frutas se ablandan y maduran corroídas en temperatura y la termodinámica intransigente,  como en un juego de niños con reglas absurdas la vida se sacude inquieta abarcando las explicaciones y los miedos,  las casas ofrendan sus luces,  desnudas las bombillas echando en cara la modernidad descarnada,  siguen el paseo por la orilla que delimita los estados,  la noche abarca sus almas cotidianas,  el poblado con gentes de otro tiempo se cadencia a lo lejos y convida al viento sus frituras y melazas ,  el histrionico reverberar eléctrico de la música se suma a las palabras que se agitan en anécdotas y risas ,  atruena la canción de la vida opuesta al silencio como otra forma irrespetuosa a la muerte,  allí dirigen su paseo,  al bullicio escandaloso del gentío,  mientras el lagarto ignora y el cangrejo ignora y la savia que recorre la selva ignora,  sin jactarse de ser profundos,  carentes de importancia,  en la noche iluminada.