Atenas

Azul solido en el cielo, sin atisbos nebulosos y cierto manto de salitre que sopla desde el mar cercano, una trinidad perfecta de luz difuminada, imprecisa, ninguna arista de detalle, el alma como la mirada, se desparrama sin contención, creando un estado de animo cálido y satisfecho. Ultimar los pormenores para un paseo matutino, elegir este sobre aquel detalle: mochila, sombrero, cámara, teléfono, objetos-finalidades que ocupan con atención egoísta todo el marco del pensamiento, repetir cientos de gestos automáticos: cordones-llave-botón-elevador-semáforo-entrada-escalera de metro-maquina expendedora-ticket de control-líneasdecoloresespecíficos-L2 roja-Omonia–Panepistimio–Syntagma–Akropoli-escalera mecánica-Salida-luz explayándose sobre los muros, harta en el aire del estío, dispersa como una bocanada en cada grieta, ángulo o recoveco.

Aún se posterga la hora matutina carente de nerviosismo, repartidores sin prisas, el inicio de los comercios, algún mendigo despertando en el severo portal de una iglesia ortodoxa. Un calor marino añadido al esfuerzo de la pendiente, tiñe las ropas de sudor e ilumina con fina lámina cada centímetro de piel que no esté a resguardo de los rayos solares. En las formas serpenteantes del las callejuelas, blancos muros moteados de flores, ofrecen una dejadez muy cuidada en detalles casi invisibles pero significativos, una belleza imperfecta de polilla nocturna.

Vagar sin rumbo, dejarse llevar atraído por la montaña de la Acrópolis que se enmarca al final de cada escalera, pasando por cafés semi-vacíos, clientes esporádicos, turistas al teléfono, sugiriendo con sus mesas desiertas la desazón de un escenario de teatro vacío. Un camarero recostado bajo el marco de una bougainvillea discute en griego algún asunto entramado con un viejo, escenificando con sus dos figuras solitarias, algo  dramático y sencillo, la sensación de que el cuadro se viene repitiendo con puntualidad a lo largo del tiempo sin necesidad de espectadores, un deja-vu real , palpable, encastrado en lo mas profundo de lo cotidiano, situaciones donde la mirada goza lúcida en los detalles, activando cierto regusto por saberse pasajera y personal, que se destruye a la primera tentativa de comunicarla con palabras como la deformación que sufren los sueños al querer explicarlos.

Un olor a jazmín carga la atmósfera de un dulzor cómplice al silencio de los pasos, como si hubiera un belleza anhelante, agazapada, una forma de perfección desinteresada, confirmada en el vagar de cientos de gatos callejeros, dueños definitivos de tejados, escalinatas y solares.

A medida que avanzo escalera tras escalera , se descubren los peldaños gastados siempre en idénticos sitios, lugares de roces habituales, obsesiva repetición de gestos, que deja en evidencia el patrón sencillo de los movimientos humanos, el comportamiento sucesivo, la imposible originalidad  motora.

Asoma el torrente de la calle principal, a la vuelta de cierta esquina, enredando bullicio de lenguas y quehaceres, las típicas tiendas de souvenires, restaurantes turísticos y bares repletos, rompiendo el hechizo, rebajando las ideas a procesos oculares-precios-impulsos de consumo, cierto goce humano que consciente en abandonarse al flujo de una masa de gente, marchar al unísono con desconocidos, pleamar de músicos callejeros, embaucadores de pulseras africanos, grupos de policías, mendigos, turistas de todas las edades, el aturdimiento de volver a ser genérico, sospechar que el aquí y ahora no supera la prueba de las distracciones mas banales, antítesis del silencio que flota en las ruinas antiguas, custodiando muertas su recuerdo falseado, eternamente derruido.

Azul solido en el cielo, llegar a ningún sitio, el mero placer de discurrir.

 

 

Un bar del centro

“La coherencia es el ultimo refugio

de los carentes de imaginación”

Oscar Wilde

 

N se inclina de manera un poco afectada sobre una mesa cuadrangular de mármol de robustas patas verdes, el suelo arlequín en blanco y negro. Se trata de un bar antiguo en el centro de Barcelona. Afuera el frío deshilacha un viento húmedo, cargado de salitre del mar que no esta lejos.

N -. recién sentado, luego de colgar el abrigo, el Universo se originó en una singularidad espaciotemporal de densidad infinita matemáticamente paradójica y el camarero no toma mi pedido, masculla quitándose los guantes. Se frota las manos con rápida violencia, repitiendo el gesto idéntico al de su madre, tengo los dedos obstinadamente entumecidos en las puntas por el frío, el camarero pasa de largo sin notarlo , ¿cómo puede ser que no vea el brazo en alto agitando la bufanda?  a veces hay que poner buena voluntad para no ver el mal en todas partes, practicar la resignación monacal es mas fácil en un retiro sin camareros miopes.

El camarero se acerca, mantiene la bandeja debajo del sobaco, un bigote negro y tupido le confiere una elegancia en desacuerdo con el resto.

CAMARERO-. Buenas Tardes ¿qué le sirvo?

N -. Un té negro con un poquito de leche, a ver si consigo sacudirme el frío

CAMARERO-. No me importa nada, salvo recorrer el trayecto mas corto en cada viaje hacia la barra, ¿alguna otra cosa?

N -. ¿Qué clase de fanatismo es ese que rinde devoción a los centímetros no perdidos?

CAMARERO -. El tipo que solo incumbe a mis zapatos y a mi ¿algo más?

N -. No de momento nada más, estoy esperando a alguien, ¿a que hora pasa la próxima vez?

CAMARERO -. Muy ingenioso , si supiera lo abarrotada que esta mi retina de brazos y ademanes, extremidades por doquier, sonrisas amarillas rellenas de dientes, se gira y se dirige en una perfecta recta hacia la barra

N -. inspecciona con la mirada las otras mesas: una pareja se toma de la mano mientras planean algún futuro aparentemente enamorados, dos señoras mayores muy elegantes beben despreocupadas chocolate caliente con crema en tazas desmesuradamente grandes, un joven con headphones no levanta la vista de una pantalla sonriendo también con los hombros a intervalos regulares. Es agradable cuando la realidad se adecua a las expectativas, trayendo esa repetición de formalidades o rutinas que hacen que uno quiera regresar a ciertos sitios, cierta carga emocional que se agrega ya sea por la decoración,  el tacto del mármol en la mesa o el rugido lastimero de la maquina de calentar la leche…

El Camarero retornando por una infalible recta interrumpe sus cavilaciones

CAMARERO, deja una taza, una tetera, una lechera y un platito con pastas, espere 4 minutos o la eternidad para que se haga la infusión, se retira por una tangente imaginaria hacia otra mesa con un brazo en rictus levantado.

N -. Poniéndose manos a la obra, curiosa mezcla de cínico-geómetra , debe llevar milenios aquí atrapado, la única utilidad de las manías es que le ganen la partida a la incertidumbre de la realidad y así nos mantengan en un limbo de minucias personales, mucho mas seguro, se toma su tiempo en la preparación y en especial a la hora de verter la leche.

La puerta de entrada se abre, acompañando con una ráfaga helada una silueta de mujer que se abre paso por las mesas en dirección a Nllegando rápido y por el flanco se deja caer pesada en la silla de madera:

S -. Eternamente embelesado por una nebulosa de leche en un vaso ¿No sueles decir que semeja la imagen en miniatura de la creación? Se adivina a lo lejos como disfrutas.

N -. sin quitar los ojos del recipiente, no dura mas que unas milésimas de segundos, la perfecta descripción de la belleza, revuelve con la cucharita y besa a S. en los labios, menos mal que has llegado, estaba atrapado en la locura sui generis del camarero, mis fobias menores y el nudo de mis zapatos

S -. ¿Perdón? Supongo que no es mas que otra de esas situaciones donde nos vemos obligados a rendirnos sin remedio

N -. Nada fuera de cualquier tragedia que no hayas verificado mil veces.

S -. Se quita el abrigo con un gesto flexible mientras pasea su mirada por el bar y los rostros, reflejan sus pensamientos genéricos una media sonrisa taciturna en el rostro, no se que tomar, tampoco tenemos mucho tiempo si queremos llegar a la sesión de las 8.

N -. Yo pedí un té para librarme de esa clase de frío que se esconde detrás del esqueleto, me trajeron también estas pastas que por su manufactura, color y consistencia son inconfundiblemente de la XIX dinastía egipcia, resalta el comentario haciendo repicar la galleta contra el borde del plato, sirven también para llamar a misa o anunciar alguna muerte eminente.

S -. sin poder contener una sonrisa, no se porque la humanidad insiste en rodear de halagos innecesarios ciertos actos que no lo reclaman.

N -. sorbiendo su té con un ronroneo imperceptible, ya nadie sabe quien los puso en marcha y eso los hace inexpugnables

S -. Como sea, la evidente sequedad ámbar de estas masas debería por si sola acabar con tan estúpida tradición, agita su brazo hacia el camarero, creo que voy a tomar un whisky con hielo.

El euclidiano camarero se acerca a la mesa, se cambia la bandeja de lado mientras saca un bloc castigado por los años

CAMARERO -. Buenas Tardes ¿qué le sirvo?

S -. Un whisky con hielo, por favor.

CAMARERO -. ¿Alguna marca en especial? O le traigo del primero que alcance la definición

S -. Johnny Walker etiqueta negra, el camarero se retira, no me pareció menos cuerdo que cualquiera… ahora cuéntame algo sobre tu tarde ¿estuviste escribiendo?

N -. Sí, por ahora las paginas se acumulan, pero el texto no tiene un cuerpo, una dirección, mis personajes hablan y hablan, de la descomposición de los segundos, el miedo de los peces, los contornos tornasolados en las alas de una mosca….. pero carecen de una convicción personal una fuerza definitiva, son lánguidos como su dueño y eso me molesta,  da tres sorbos seguidos a su té, lo mismo necesito embarcarme hacia Malasia en un carguero ilegal o dirigirme a la parte alta de Alaska tras la pesca del salmón.

S -. ¡Seguro que eso lo soluciona! también podrías contraer la malaria o probar las pesadillas del opio.

El camarero se acerca, dejando el vaso y un bol con cacahuetes

CAMARERO -. ¿quieren pagar ahora o el día del juicio final? A sabiendas que les saldrá mas caro, ahora es 10€

S -. rebusca en su cartera y saca un billete de 20€, el camarero coloca el vuelto sobre un platito de aluminio, hace una reverencia en el límite de la burla y se marcha contando sus pasos.

S -. tomando un largo trago de su copa, contempla la deformidad del bar a través del liquido y el hielo, veo que su locura aumenta o se retrae como la marea, igual que la de todos…. Volviendo a lo anterior, me parece que el dilema del escritor transcurre justamente por el extremo contrario a la falta de historias, el exceso de variables tentadoras a las descripciones es bochornoso, claro que era mas fácil cuando estaban rodeados por tipos medio desnudos y musculosos arrojándose lanzas todos los días desde carros broncíneos.

N -.  enarcando la ceja en un gesto de ironía resignada, gánsteres en elegantes trajes , trirremes incendiados, intrigas palaciegas con regusto de arsénico, o siquiera la frivolidad de duelos en salones barrocos llenos de impostores, los tiempos que corren carecen de toda ambición elegante, solo quedan las historias mínimas contadas con ingenio, ahora la tragedia discurre por no despertarse nunca cucaracha.

S -. Lo importante es que sigas con el trabajo, desbocado es mejor que mudo, se que es un consejo de catalogo de esos que resumen la estupidez del pensamiento evidente pero que igual se repiten como pésames o mantras, disfruta del sarcasmo bebiendo de un gran sorbo lo que le queda en el vaso, dejando que el hielo sobre el labio le queme la piel.

N -. Puede que halla algo de razón en los lugares comunes, pero esa es la raíz del problema, que cierran la puerta a cualquier ahondamiento posterior y se conforman como un reptil echado en los trópicos.

El camarero acodado en su puesto de la barra, seca con movimientos acompasados el interior de una fila de altos vasos con estrías por el efecto del lavaplatos, en la mueca de su bigote se adivina el placer que pone en el olvido de sus clientes.

N -. mira la hora en un gesto rápido de su reloj de pulsera siempre 5 minutos adelantado para llegar sin retraso a los lugares, tenemos algo de tiempo antes del cine, podríamos callejear un poco y así probar la acústica de nuestros zapatos entre los muros del gótico.

S -. Se que sufres por adivinar el tiempo que transcurrió desde la ultima vez que miraste la hora, desde que te conozco que juegas ese juego intimo de desatender el tiempo por algunas horas o minutos para ver si tu percepción se acomoda luego al veredicto del cronometro, como una comparación de tu péndulo interior con el del mundo real, en un movimiento amplio de sus brazos envuelve su cuello con una bufanda de flores con aire vintage, pero esas manías y tus ojos me tienen enamorada, así que larguémonos de este bar improbable con rumbo incierto.

N -. se incorpora de un salto, recoge el abrigo colgado en el gancho de la pared, también podemos llegar adelantados a la función, me deleita el aire decadente que se respira en los cines cuando están desiertos, ese silencio adulterado por la acústica, ansioso por la próxima función.

Por un momento deja que su mirada vague por el espacio, la visión del camarero atesorando sus pasos, nuevas señoras con chocolates con crema, otras parejas mintiéndose con sonrisas, la tentación de los detalles…..

N -. ¡me niego a reflexionar sobre todo esto! .. toma a S. por el brazo y esquivando las mesas de mármol, entre risas, salen por la puerta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

dentro miasmas acaso mi sombra

dentro hebras afanes sexuales

todo esfuma desafío

todo sonríe ojos íntimos

todo marcha ávido hacia otras cosas siempre

quedo solo piel enmarcado

intrincado ovillo rehén de mil latidos.

 poesía ceguera campanas sin sermones

cierta rutina palabras confortantes

la tranquilidad del palacio

salvaciones torre encarceladas

hasta el próximo asedio

entre la vía de los años

minutos

mascaras

respiración.

La mirada del actor


“El sueño baja de un cielo de tablero de ajedrez y dirige

el oratorio que sin duda desnudará el amor del hombre una

bola de serpientes

Todo hombre es UNO en este triste

inarmónico extraño atolladero”

 “El feliz Cumpleaños de la muerte” Gregory Corso

El publico demora en situarse, les indica el camino hacia las butacas la luz al final del corredor, una lengua de puro contraste negativo. Detrás del telón alcanzan a percibirse las estridencias, los murmullos que se elevan desde la platea, entreverados con el denso silencio que reina en la compañía atareada ultimando los ajustes. Cada segundo cargando  la corriente que lo aproxima al desenlace. El escenario, aguarda vacío aún la interpretación, desnudo sin la presencia de los artistas, solo un cúmulo de maderas a lo largo sin misterio, sin historias, cualquier desierto del mundo.

La noche del estreno reitera sus rituales idénticos, en una presentación de aficionados de algún escenario underground o en la gala mas compleja de teatros consagrados: las prisas hermanadas con los nervios, la inseguridad mas absoluta apenas aferrada a la convicción nada reconfortante del esfuerzo ensayado, cientos de veces hasta el hartazgo, el abismo adivinado en ciertos pasajes complicados que tenderán fieles sus trampas, la electricidad desparramada por los cuerpos conductores de la colmena en movimiento hacia un objetivo común, la distorsión en el paso del tiempo que por momentos se dilata con la plasticidad del agua y luego se contrae, traidor, desbocado a toda velocidad.

La mirada del actor centra su objetivo negando la tentación de los recuerdos, ese atajo seguro que pone en movimiento una fuga a no-presentes reales o inventados, la formula mas elemental del común de las personas para evitar confrontarse con la realidad. Ahonda en el personaje, transforma a vivas luces la piel, dejando apenas una ínfima fachada sujeta por pilares invisibles, la crisálida aguardando la eclosión, la psique deformada por las palabras que declaman que se “es” el rey de Dinamarca o una madre coraje, que los campos de batalla se abren heridas cargados de almas muertas, que las barricadas son morales y no solo muebles y cajas de madera, que la muerte nos acecha en manos amigas. La ventaja de la ficción de poder anticipar los recuerdos futuros, y darles el dramatismo que se merecen, en eso se centra la mirada del actor que ahora aprovecha y  pasea por los decorados, las prisas, las posturas marciales de sus compañeros de pantomima, se regodea entre bambalinas con lo básico del truco, con lo poco que hace falta para deslumbrar a un publico que añora creer, los últimos retoques en los maquillajes que se adueñan de los rostros, carmines, polvos mágicos, bocas al rojo vivo para enfatizar una vida displicente de amores pagados, cejas negras enarcadas, banqueros usureros o barbas piratas, encubriendo rostros inofensivos, ofreciendo el significado transparente del personaje.

Luego retorna a su preparación, se analiza desde afuera, calcula sus gestos en palabras, sabe que ademanes ampulosos enfatizaran justos el fragmento dotándolo de la fuerza necesaria para atrapar las miradas en la palma de su mano, cómo el gesto de arrojar con su brazo se llevará volando al personaje agraviado el desconsuelo del publico o la desesperación aferrada a la cabellera en dos tenazas moverán incomodas sospechas de locura; invoca, mientras suena la chicharra dando el ultimo aviso al publico, el proceso de cada ensayo: esa oportunidad de variar los matices buscando la cantidad equitativa de temperamento apropiada a su corteza, la seguridad en la mirada de los otros actores, cuando la obra cobra su propia vida y las palabras abandonan el texto marcado para decir inevitables, que la comedia o la muerte se pasean entre nosotros día a día, que solo hay que prestar atención, que el traidor se encuentra vecino y el amor, ese pacto injusto, encontrado o perdido para siempre.

Ya sube por su cuerpo injusta la impaciencia, la voluntad de cargar de una vez por todas contra el enemigo invisible, inerte, que solo por eso es poderoso, puesto que el abismo es el abandono de la acción, reírse con dientes refulgentes del absurdo, permanecer sin participar en las decisiones del mundo e interpretarlas, el castigo perfecto del actor. Ahora que se acercan los últimos momentos del trance, lo mismo es si estuviera solo, va alcanzando una lejanía de sensaciones inmediatas, semejante al clavadista desde su trampolín infinito contemplando hacia abajo, siendo: el abajo, la caída, la superficie del agua, el deslizarse del viento, la piel erizada en velocidad y calma, los músculos contraídos.. ya sabe a lo que se enfrenta, la inversión del tiempo donde la obra se vuelve la realidad el intervalo verdadero, y lo otro la espera, pero descifra también en su singularidad que no esta solo, ya sea por el relato, por los otros personajes, o por la expresión que transformará su cuerpo en mecanismo, para la atención del publico, él también tiene sus trucos, oficio, como un orfebre o un pintor sus herramientas probadas y mejoradas a lo largo del tiempo, la maña en los gestos estudiada de tanto ser otros. Alguien lo roza al pasar y le murmura unas palabras inaudibles, su mirada pasea una ultima vez por la penumbra y las posturas acechantes de sus compañeros, apenas se deja llevar por la alegría del fin de la espera, casi no queda tiempo, el silencio se ha apoderado de la atmósfera, comienza a caer el velo de la desconfianza en lo real, el instante siguiente ya no durará un segundo, las premoniciones y el absurdo saltan a la vista, todo ha comenzado.

clak!

entre  bordes líquidos que cercenan

se delata

el tiempo acorralado en pájaros

espasmos risas fusiles pegadizos

anaqueles con preguntas retroactivas al enjambre

la saliva prometida

cucharas risueñas monjas recónditas

ladridos azulejos siempre idénticos

miedo salino que mustia la osadía en la retina

la ínfula aerostática de los pulmones

catástrofes ideas cubren desodorante la muerte de cada partícula que

deshidrata salamandras

otro segundo prófugo tira de la cuerda

la marea compadece arena

paciente

ruge cierta la sombra finita.

Ciertos trances

La vehemencia de sus manos manejando el cincel no acompañaban el ritmo de sus inquietudes, trabajaban con ahínco en golpes mecánicos apartando la piedra, que cediendo paso, tomaba la forma obligada. Ciertamente las dudas que lo circundaban no eran del tamaño suficiente como para tambalear el edificio de sus convicciones, tenían que ver más con una especie de preocupación díptera, esas que retornan incansablemente cuando la mente entra en estado de reposo o concentración, esas que se acomodan cerca de los miedos menores que no llegan a amarrar un nudo en el estómago pero que presentan un malestar parecido al mareo en altamar, que no tienen peso suficiente para explayárselas a nadie, mas, perduran en la capa de bronce que recubre la vigilia por las noches: ¿cómo hacer para acercarse al misterio sin siquiera rozar una superstición? ¿cómo inventarse un lugar vacío que reconforte sin estar presente en el mismo? Cuando al empezar a vaciar la mente solo se piensa en olvidar las recetas para vaciar la mente….

El intenso repicar en la dura superficie de mármol había cubierto su torso de sudor. Sus manos endurecidas por la memoria de la piedra se movían en amplios gestos sinsentido para los ojos inexpertos, mientras, su atención se dirigía del detalle a lo general, entre el polvo y hacia dentro siguiendo el camino de la diatriba. Le asombraba la curiosa manera de concentrarse que tenía a veces, cuando quería sonsacar algo de los mas profundo de su inspiración, como ahora que se esforzaba por malear el bloque que se oponía anónimo a su destino y no posaba su interés directamente sobre el objeto a tratar, para mejor observarlo por lo blanco del ojo, como queriendo atrapar la luz de una estrella fugaz que se intuye segundos mas tarde, porque el peso de la atención aplastaría su posibilidad de crecer, algo de su creación pero no suyo.

La parte de atrás de la cabeza tomaba la forma deseada, sabía que llegado ciertos trances, no podría ceñirse a las clásicas técnicas aprendidas, que debía imprimir ahí su sello característico, anhelo de ser notado en cualquier artista, y comparaba ese parecido, con el de sus cavilaciones actuales, que también se negaban a mostrarse diferentes a las inquietudes generales, atrapado el también en una piedra, pero de misterio. Para esquivar el camino sin salida recurrió como otras veces, al tratamiento habitual de caminar hasta la cocina y poner en el antiguo calentador , herencia del hangar en el que trabajaba, una pava con agua.

El olor afrutado del té aclaro sus ideas “una receta afincada en costumbres mecánicas mas que en efectos empíricos, ligada a sabores o sensaciones como las que se empleaban en la antigüedad cuando los galenos no eran mas que actores con mucha sangre fría,  mas por transportar la fija mirada de la angustia a quehaceres de agua hirviendo o cucharas cargadas de miel” pensó.

Al moverse nuevamente hacia el frío del estudio donde la figura paciente en escapar del bloque aún lo esperaba, fue sorbiendo la infusión de a poco, sin apuro, saboreando el descanso a media mañana en el silencio hueco, tal vez roto por algún crujido en el zinc del techo del hangar, mientras la luz se colaba espontánea por diminutos orificios.

Esforzándose por eludir las divagaciones que acechaban fuera del presente y sin querer perder mas tiempo volvió al trabajo entregándose a la sensible rudeza de los golpes sin posibilidad de rectificar, la vehemencia de sus manos manejando el cincel no acompañaban el ritmo de sus inquietudes.

Demasiadas derrotas

En tales circunstancias sólo hay

motivo para tres cosas: primero el orgullo satánico;

segundo, las lagrimas, y tercero, la risa.

“El hombre que fue Jueves” G.K Chesterton

 Toda la tensión que fluía concentrada en sus músculos se rompió, se había paralizado como una cadena eléctrica que se interrumpe de repente, sin excusas, dejando los engranajes en seco. Después del estado de estrés continuado durante millones de segundos su cuerpo se rendía a la fatiga que prosperaba por los pies hacia su columna. Tuvo que apoyar su cabeza en el brazo contra el marco de la ventana, en un gesto vencido que a sus ojos pareció falso, un actor de segunda en su propia realidad. Ni el empapelado del hotel con aureolas de humedad, ni las cortinas como mortajas eran necesariamente un auxilio a la cordura ¿pero que podría serlo para unos ojos vacíos como los suyos?

En ondas, cargada por el viento la lluvia caía sin hacer ruido, desfigurando el reflejo de las luces en el cristal. Afuera: verde, amarillo y rojo el semáforo le escupía su prudencia, gris, negro, inundado, el asfalto alardeaba su tozudez, las pilas de basura empapadas compartían su vergüenza mientras alguna rata ocasional paseaba despreocupada, creyó recordarlas originarias de Asia, en concreto India o Persia.

No habría salvación esta noche ni ninguna otra, como si su alma hubiera, en el primer disparo, remplazado a la bala deslizándose por el cañón bien engrasado haciéndose pedazos para siempre, la muerte del guarda, la muerte de la vendedora significaban su muerte, el cliché de la culpa retumbaba puntual a la cita.

Un hormigueo lo sacudió en escalofrío, tenía que organizar al menos sus actos inmediatos (ya que sus pensamientos estaban fijos como los ojos que había dejado tendidos en pozos de sangre), se alejó de la ventana no sin antes comprobar que la moto seguía estacionada enfrente.

Apartando el revolver dispuso el maletín negro sobre la mesa, el temblor de sus manos dificultó la tarea de accionar las pestañas de apertura que saltaron al unísono afectando sus nervios acostumbrados al silencio de la habitación.

Las joyas en el interior respondieron relucientes al nimio contacto de la penumbra: collares, brazaletes, diademas, objetos gestados en la imaginación de un orfebre como acólitos para bellezas decadentes o ascendentes, para ser exhibidos en salones exclusivos donde el murmullo de la envidia traquetea en las mandíbulas, ahora transfigurados en la imagen del delito, SU delito: robo calificado por uso de arma de fuego en grado de tentativa, en concurso con homicidio criminis causa.

¿Cómo se había desmoronado su plan en segundos? Quiso evitar el repaso de los acontecimientos pero no pudo, se vio aparcando la moto a mitad de cuadra justo enfrente de la joyería Feldo Luxury S.L., chequeando su reloj por ultima vez a las 19:45, quince minutos antes del cierre del negocio cuando comienzan a retirar de los escaparates la mercancía y se disponen a guardarla en la caja fuerte por el fin de semana, se vio arreglándose la americana del traje azul mientras cruzaba la calle apretando fuertemente el maletín, se vio sonreírle al guardia, esa mueca practicada cientos de veces, sin demasiada efusividad para no despertar sospechas, recordó el sabor avinagrado del miedo en su boca mintiendo a cerca de una prometida que nada sospechaba de la declaración matrimonial que le esperaba esa noche y… aquí el recuerdo se hacía demasiado doloroso, prefirió levantarse y caminar por la habitación.

No tenía familia que le echara en cara su monstruosidad, su madre había fallecido lejos en el interior hacia varios años y su padre los había abandonado cuando el era apenas un niño ¿quien podría reprobar su conducta, la sociedad, esa masa informe que lo había aniquilado de manera metódica a lo largo de los años? ¿los periódicos, que acomodarían la crónica al pie de la sección policial, junto al bestiario de la jornada?

“Un delincuente armado prosiguió en la tarde de ayer con la ola de robos agravados por el uso de armas que en las últimas horas se han acrecentado a lo largo y ancho de la ciudad.”

Si bien este diario accedió a detalles pormenorizados del caso, se reserva algunos de ellos para preservar a las víctimas y no entorpecer la investigación en trámite. Ocurrió pasadas las 19:45 de ayer en la joyería Feldo Luxury S.L., de la calle V… L… y P…. al 2.200 del barrio P… El delincuente actuó con absoluta impunidad y las víctimas no tuvieron ninguna oportunidad ante el homicida despiadado, escapando del lugar, en un vehículo cuyas características no trascendieron, pero que son prudentemente manejadas tanto por el personal policial de la Seccional Tercera que tomó intervención primeramente, como por la Brigada de Investigaciones y de acuerdo a datos que habrían aportado ocasionales testigos.”

Ningún juzgamiento alcanzaría el núcleo de sus sentidos, era impermeable a la mirada ajena, demasiadas derrotas, demasiado flotar anónimo en el gentío… La visión oblicua de el tabaco en la mesa llamó su atención, el descubrimiento accionó su espíritu, ¡aún era capaz de sentir!, hacia horas que no fumaba y el hecho de sumergirse en ese acto mecánico de encender un cigarrillo le hizo ladear en los labios una sonrisa genuina, ¿qué importaba la eternidad o los cadalsos? Los trenes saldrán o no a la hora, los jefes maltratarán a sus empleados, los pájaros seguirán cagando sus mezclas tóxicas sobre las ciudades, los amantes se amarán con lujuria, los muertos seguirán  muertos. Solo existía ese cuarto, ese punto que ahora cobijaba su presente, el temblor de su mano aferrada al cigarrillo, el revolver sobre la mesa, las oportunidades deshechas de antemano.

Se acomodó el mechón de pelo que le atravesaba la frente, no ignoraba que tenía que tomar una resolución, no podía quedarse en esa pocilga para siempre, el plan había fracasado por completo, las jaurías saldrían con la primera luz del alba en su búsqueda con esa animosidad que empuja los actos justos, con su maquinaria metódica de averiguaciones, cámaras, soplones, con fino olfato detrás del rastro de muerte que exhalaba por cada poro.

El universo colapsaba los segundos a velocidades sorprendentes mientras los diamantes relucían a través de la tapa abierta del maletín. Se rehízo como pudo, confundiendo con su determinación la vorágine de su razonamiento, apagó el cigarrillo en el cenicero de la mesa a la vez que cerraba el maletín, luego de enjuagarse los sobacos volvió a vestir el pantalón del elegante traje azul que había utilizado para el golpe, en la parte frontal de la camisa, quedaban algunas manchas de sangre, intentó quitarlas con agua caliente y jabón en el lavamanos del baño. El reflejo de su rostro en el espejo a centímetros de su cara, le hacía imposible escapar al abismo de sus ojos ¿Cómo se había desmoronado su plan en segundos? Las imágenes renacieron en su mente con el desenlace, se vio sacando el arma en el momento que la vendedora se giraba en busca de una alianza que el le señalaba a sus espaldas, se vio volteando rápidamente, revolver en mano como había practicado tantas veces, en dirección al guardia de seguridad al la vez que le gritaba que se quedara inmóvil, recordó como el sin obedecer se dispuso a sacar su arma, sintió los tendones apretando el gatillo y el estruendo, luego en el humo de pólvora y confusión, se vio avanzando hacia la vendedora que no paraba de gritar frenética y silenciarla a quemarropa… de haber sabido que estaría prófugo  para siempre habría tomado otras precauciones. No le molestaban los tópicos, no le daba importancia a las definiciones, sino no hubiera llegado hasta donde había llegado, lo habían querido hundir con esos rótulos desde siempre: perdedor, inservible, borracho, loco y ahora asesino.

Terminó  la tarea de vestirse con movimientos precisos, experimentaba cierta paz luego de rever los episodios del asalto, sabía que cada pieza había respondido a su entrada en el engranaje de la tragedia, no guardaba rencor a nadie, desde el fabricante de balas, pasando por el sastre de su traje, la maestra de ingles en la escuela, los albañiles involucrados en la construcción del edificio de la joyería, todos los ladrillos, viajes en carretillas, almuerzos al sol, habían encadenado con la precisión del vuelo de una mosca, los sucesos, para llevarse esas almas al infierno, la de los vivos y la de los muertos por igual, no era un fatalismo barato sino que se lo explicasen a los dos cadáveres en la morgue.

Tomó un trago de agua, empezaba a sentirse tan bien como cualquier otro año, afuera la lluvia se demoraba en caer. Había conseguido desactivar el dolor de la culpa por el momento, pero no podía confiarse, sus fuerzas se encontraban al limite de la cordura, podía escuchar los insectos confabulando debajo de la cama, su única chance era llegar hasta la estación de trenes de P.. abandonar la moto en el estacionamiento y escoger el destino mas alejado posible, para cuando pudieran seguirlo ya estaría fuera de alcance.

Una sirena, luego otra, luego varias vinieron a confirmarle que sus planes no se podrían llevar a cabo, que el vehículo del crimen aparcado enfrente del hotel donde se había refugiado no era la maniobra mas brillante para un ladrón de joyas asesino, solo ahora lo veía claro, quizás los tópicos tuvieran la razón y el fuese todo lo que le habían escupido mil rostros en todos los idiomas a lo largo de su vida: engendro, deforme, prodigio, quimera, las siete plagas de Egipto, un fracaso en de todo de ida y de vuelta.

Los pasos resonaban en la escalera, el sol apenas clareaba el cielo a través de las cortinas sucias a la espera del próximo lunático, la ciudad despertaba como un animal codicioso y el estaba perdido para siempre. Encendió un ultimo cigarrillo, ahora todo encajaba, la tragedia tenía un ultimo acto, las Erineas reclamaban su premio personificadas en los uniformados con orden de capturarlo vivo o muerto. A el le daba lo mismo, siempre supo que llegaría hasta el final, nunca se dejaría atrapar, para ser encarcelado previa humillación publica en el juzgado de las risas y luego ser arrojado en una celda con otros de su clase hasta el olvido en el fin de los días. No tenía miedo, nunca lo tuvo, abrazó el maletín con las joyas, y encañonando la puerta con el revolver, con gesto estudiado entre calada y calada, esperó.

Palabras

el nudo en la madera

la mirada del actor

el informativo rebosante de muerte

el color de las tostadas

Drosophila

útero

cenefa

trashumante

son palabras que me gustan

la paciencia del agua estancada

la sirena para otros

el aroma utópico de café

la torpeza de los niños

achuchón

monóculo

desechos

gerundio

son palabras que me gustan

la corriente obsesiva de los ríos

la masa convencida

el ajo crepitando

la inagotable desconfianza

hecatombe

vetusto

faraón

membrillo

son palabras que me gustan

la oscilación del tren

el alborozo felino a la caricia

la soledad hermética

el examen sin pestaña de los peces

carrusel

organigrama

chiquero

alfil

son palabras que me gustan

el ocre, marrón y afines

la raíz que se abre paso

el picor obediente de la lana

la lluvia enfurecida

óxido

arpegios

crápula

edecán

son palabras que me gustan

la obstinación de lo viejo

la codicia del insecto

el miedo que usurpa

la simpatía de vuelta en la mirada

hereje

alabardas

fauno

lascivia

son palabras

que

me

gustan.

Una fábula actual

La mayoría tiene el poder, por desgracia, pero no tiene la razón. 

Tenemos la razón yo y unos pocos. La minoría siempre tiene la razón.

«Un enemigo del pueblo»  Henrik Ibsen.

Un viejo banquero caminando por la calle, se cruza accidentalmente en una esquina con la Moral Popular.

– ¿Cómo puede ser? ¿Usted por aquí a estas horas? Si debería estar en su despacho entre transacciones y llamadas. El periódico de ayer recalcaba el estado crítico de su entidad.

– Todos mis problemas quedaron resueltos, el Banco ha sido vendido por la mitad de su valor físico en inmuebles y primas atrasadas, mas la compra total de su deuda pasivos/activos a el Estado Nacional para evitar la bancarrota y con esta una debacle económica nacional irreversible.

– Me quiere decir, -replicó la Moral Popular tragando saliva-, ¿Que lo que le permite pasearse a media-mañana con ese aire tan tranquilo, es que el Estado ha asumido la colosal deuda que su banco había adquirido en un principio?

– Salvando algunos tecnicismos engorrosos matemáticamente se podría afirmar que sí. Luego de varios años de malas decisiones, inversiones fallidas, salarios bochornosos a la directiva, hipotecas engañosas y algún que otro mal momento en la bolsa, creo que la mejor decisión es la que se ha tomado.

– ¿Me sabría informar a cuanto mas o menos alcanza la suma?

– Es difícil de calcular un valor exacto, pero estaría rozando los mil millones de millones. Ya que el dinero no saldrá exclusivamente del fondo destinado para estos casos, incapaz de hacer frente a semejante rescate, sino que también tendrá que ser retirado, de todo el entramado económico/social: cajas de pensiones, salarios públicos, infraestructuras, educación, seguridad, salud y quizás vendiendo algún que otro pedazo del territorio, sería, como le decía al principio muy difícil de calcular.

– ¡¡¿Y lo suelta así tan relajado?!! ¿Qué clase de plan es ese? clamó la Moral Popular a la vez que la ira le retumbaba en los puños y las sienes.

El banquero quitándose el sombrero se le acercó y mirando de reojo por encima del hombro para asegurarse de que nadie escuchaba le dijo al oído:

– Bueno ya que insiste tan vehementemente, le contaré un poco más. Luego que pasen algunos años y el Estado regularice las cuentas con gran sacrificio colectivo se verá obligado, una vez que el Banco esté re-capitalizado y tenga una estabilidad considerable, a venderlo rápidamente (arriesgaría que por menos de la mitad) para poder recuperar al menos una parte de la ingente masa de dinero empleada en un principio para salvarlo/se, momento en el que mis socios y yo saldremos al cruce de tan excelente inversión y compraremos el Banco nuevamente, con los ahorros mas los réditos obtenidos en la venta inicial.

Por un instante el brillo infantilmente alegre de su mirada, casi refrena el impulso de las dos manos que atenazaban su cuello.

El saco de madera

Esa calavera tenía una lengua en otro tiempo y con ella podía cantar…

Shakespeare

La estrechez de la madera impedía que los movimientos, producto del deplorable estado del pavimento, fueran mas allá de simples sacudidas, cargado en la parte posterior de una camioneta de construcción ordinaria con dudosas cualidades carpinteriles en su manufactura, un ataúd como cualquier otro.

El muerto que nos atañe, en el interior oscuro y tachonado del susodicho embalaje, expiaba su conciencia. “Que mala suerte haberse muerto justo al principio de la primavera” se lamentaba el fiambre, que según sus planes de haber seguido entre los vivos, hubiera podido terminar aquel sobradito que tanto trabajo le había costado y que ahora se quedaría su hermano. Un bache lo interrumpió haciéndolo rebotar con un sonido ahuecado y le hubiera hecho bastante daño de no intermediar la maciza rigidez en la que se encontraba, ¿así que esto era la muerte? le parecía decepcionante ¿dónde estaban los querubines , potestades, trinidades, los diablos con calderos humeantes, algún dios antiguo con cabeza de animal o siquiera un barquito para cruzarlo al otro lado de algún rio? ¿será que se lo habían olvidado? , como un tramite que se traspapela por una negligencia fantasmal, cavilaba,  justo antes de dar con la cabeza en la tapa por un volantazo. Ni un indicio de transmigración, ni un hormigueo, por leve que fuera, que pudiera hacerlo sospechar que se estaba reencarnando un alguna alimaña o planta tropical y quizás lo mas sospechoso, la retención de la conciencia personal; hasta se acordaba del numero que había jugado a la quiniela la semana anterior y no había salido… nada de nada, un vacío redondo y estático de contornos borrosos…Un sonido a través de la madera le hizo aguzar el oído (del que se escurría un liquido amarillento y pringoso) expectante ¿seria alguna trompeta cósmica? le hubiese encantado, pero hasta un muerto no podría confundir el llamado celestial para deleitarse con ambrosía con la bocina de un camión…¿que pasos debían seguir las almas una vez extinguidos los latidos? ¿dónde estaba la tan mentada “luz al final del túnel”? que, él dicho sea de paso, no había visto ni por asomo cuando lo agarro la moto y lo hizo volar en ángulo recto para abrirse en dos la cabeza contra el cordón de la vereda ¿cómo era aquello de las no se cuantas vírgenes de dulces lagrimas? no se pudo sonrojar pálido como el marfil pensando en que no sabría darles charla… ¿ni un juzgamiento severo por las conductas pasadas? esto no le desagradaba tanto cuando recordaba lo mal que había hecho en algunas ocasiones: como cuando le vendió aquel Ford “todo estropeado” a su cuñado diciéndole con frases zalameras que nomas le hacían falta dos retoques, o cuando se robó un par de zapatos de las galerías Harrod´s de la calle Florida o cuando metió una botella entera de whisky en el ponche del cumpleaños de quince de la Martita y terminaron todos borrachos… aquí le entro la risa, al acordarse como los castigaron y que en medio de la ira desatada de los padres, Ramiro (aquel bajito con el que hicieron juntos la primaria y que después no vio mas) no podía aguantarse parado ¿será que uno tiene la eternidad del tiempo para pensar en estas tonterías? ¿será esta la penitencia? . No parecía mucho castigo cuando pensaba en la infatigable águila mangiandole el hígado a Prometeo, los lagos de azufre, las setenta mil torturas en lechos ardientes o la mirada irresistible de Moloch. Un frenazo lo zarandeo dentro de la caja “podrían haberme atado” les hubiera espetado a los de la funeraria de no haber tenido la boca con rigor mortis.

El ataúd fue descargado por dos empleados, sudando por todos los poros bajo los rayos verticales del mediodía. Aparcaron el “paquete” en una de tantas salas del cementerio de la Chacarita, haciendo que el finado ya empezara a extrañar las sacudidas ¿a que vienen tantas elucubraciones? ¿si nunca creíste en nada? decía mientras algunos mechones de pelo se desprendían de la sesera sin hacer ruido, a no ser esa conjugación vaga en tercera persona que invocaba “como para adentro” cuando había que meter algún penal decisivo, o apretando los puños, pedirle sin amagues que “lo fulminara con un cáncer al gerente general que me tiene podrido”, esa misma fuerza de la que después se mofaba con argumentos triangulados como la imposibilidad física, la irrisoria prueba de los milagros o la descarada corrupción de los padres de todas las iglesias, eso si, hasta la próxima vez que tuviera que obtener alguna ayudita.

Ya se arrepentía do no haber pedido en su testamento que lo cremaran, porque estar ahí todo el rato ya lo estaba “hartando bastante”. Lo que se había perdido por no haber pensado de antemano en algún pedido raro (cosa que no se le niega a nadie por estar muerto claro), como que lo esparcieran desde una avioneta sobre la provincia de Buenos Aires y terminar un poco en Quilmes otro poco en Tres de Febrero, o en algún tren de larga distancia de esos que van para el interior u otras tantas posibilidades. Ahora tenía que aguantarse ahí todo derechito y mas duro que una columna, hasta que dejara de estar fresco, pasara a hinchado, llegara la putrefacción activa seguida no tan rápidamente como uno quisiera (por mera vanidad post-mortem) por la putrefacción avanzada y luego quedaran los restos secos marcados por la sonrisa estúpida que se nos queda a todos en la desnudez cadavérica.

Una vez pasada la hora del almuerzo y con la panza llena de ravioles y un par de copas de mas, los “muchachos del cementerio” comenzaron el transporte de la tarde de los ataúdes que tenían apilados en la morgue, por el boulevard cercado de algunos mausoleos ilustres y otros no tanto, dirigían nuestro occiso a la boca de barro que ya tenían preparada bien al fondo donde van a parar los desconocidos por la fama, los que no son acompañados por grandes cortejos de coronas perfumadas con lemas como “Fuerza de espíritu ante este muy triste momento..” o “Reciba la mas grande muestra de consideración en esta hora de tristeza…” .

Otra sacudida mas y ya empezaban a repicar contra la tapa la mezcla de tierra y piedras que aventaban “para irse a casa rápido que este es el ultimo” desde la superficie. Él, inconformado, seguía dándole vueltas al asunto y ora se inventaba  una manera de no pensar en nada como si durmiera albergando la esperanza que lo vendría a buscar alguna “fuerza”, que podría escapar de la conciencia y reunirse con otros de su “condición” ora pedía que no lo enterraran muy profundo así podría escuchar la gente que pasaba por la calle.

El crepúsculo trajo consigo el silencio hueco característico de las necrópolis, como si los ruidos de la vida rebotaran en el perímetro de tantos recuerdos. Un gorgoteo le indico que se deshinchaba pausadamente, ¿y ahora que hago? dijo acompañando la frase con gesto de brazos cruzados en el pecho.

En movimiento

Por curvas avanzamos, a través de montañas indicando el tortuoso camino de su esencia, curvas que arrastran con sus formas de lagarto inevitable los vehículos a través del paisaje, eventuales, desiertas o frondosas como postales imperecederas que cualquiera puede inventarse en algún lugar de la memoria, que adora esa manera del engaño que se refugia siempre en un no ahora.

Ídolo pagano desnudo de ofrendas, el movimiento, personificado en el ansia de cada aliento que empaña el reflejo que nos ofrece el universo, tus ojos, mis ojos ¡mil ojos! nos conduce, llevándonos a un próximo destino donde nos servirán litros de aforismos fracasados, donde ayunaremos el típico menú de soluciones simples extra-large con guarnición de compra-mi-locura-envasada, de falsas sonrisas mas finas que el rocío en tus pestañas, donde repetiremos los errores y el exceso con la compulsión de un suplicante, donde el sudor de la ciudad sumisa a las consecuencias, re-inventando maneras de fracasar en la caída, nos mostrará que no hay alternativa a la avalancha de lugares comunes, que hemos hurgado en todas las direcciones posibles, con avaricia, aplanamos hasta el ultimo montículo orgullosos del llano igualitario, ¿qué reglas de etiqueta se deben seguir en este Apocalipsis paulatino? “…por aquí Señora, por aquí Caballero, de a uno sin empujarse, habrá sitio para todos en las fauces del olvido…”

Nuestro interés prefiere adorar, monoteístas de la inercia, solo el movimiento que nos permite ser otros: trashumantes, bufones o verdugos . ¡Acelera a la velocidad de la luz!  dejando atrás en una nube las definiciones: país, comarca, planeta, polvo. Por el retrovisor veo alejarse el horizonte estático.

Sobre la culpa

When I say darkness

I mean a lack of knowing

as in everything you do not know

“The cloud of unknowing”

Dos ascetas se refugiaban del calor del desierto sentados en una cueva, el sol perpendicular trazaba un ángulo agudo de sombra en la entrada mientras en el interior algunas moscas volaban ruidosamente en círculos. El mas viejo de los dos contemplativos llevaba muchos años aislado del mundo, tenía el aspecto que cabe esperar de un cuerpo expuesto a las inclemencias del tiempo y la implacable conducta meditativa. El mas joven, llevaba solamente un año y aún conservaba algo de la lozanía de sus tiempos de estudiante. La voz clara del viejo entonada con acento incierto dijo:

VIEJO. – La culpa anida en el corazón del hombre escondida a la espera de que la debilidad consume su falta. El pecador al ser indulgente quiere creer que su moral tiene la capacidad de estirarse según la necesidad del momento. Pero también nosotros debemos guardarnos de la vanidad que antecede a la culpa, y no vanagloriarnos de nuestras penitencias, ni ensalzar nuestras penas. Aquí entre fieras y rocas debemos mantener la pureza de nuestra misión centrando nuestro foco en la compasión de la deidad.

JOVEN. – ¿Cómo puede haber culpa sin deseo?

VIEJO. – El infame azote se alimenta de cualquier partícula sensible del pensamiento, está en cualquier decisión por pequeña que sea ¡hasta en las que dejamos de tomar! Y aquí es donde la trampa se hace profunda, porque lo que marcará el grado de culpabilidad será la suerte que tengamos según las elecciones que hayamos hecho, es decir que la culpa será menor si tenemos éxito y a la inversa nos hundiremos al culparnos por haber dejado de tomar las decisiones correctas.

JOVEN. – Alguna veces siento haber dejado a mi familia en la ciudad, y lo que es extraño tener la impresión que la elección de privaciones, soledad y ayuno, es mas fácil que la de las comodidades.

Un viento cargado de arena apretando contra la piel un calor solido y asfixiante, les obligo a cubrirse el rostro con las raídas túnicas que llevaban. Las ráfagas de a poco se fueron diluyendo, resaltando el silencio de la cueva. De una pequeña bota de cuero el viejo sorbió unas gotas de agua, luego entregándosela al mas joven retomó el discurso:

VIEJO. – La solución mas empleada consiste en no mirar atrás, en quitarle el peso a las elecciones tomadas (buenas o malas) por la determinación de aquel momento y que no puede ser desafiada a posteriori por el yo futuro, que puede estar en desacuerdo pero justificado por innumerables razones. Siempre habrá algún factor, persona, o circunstancia que acuda en pos de la defensa.

JOVEN. – ¿Se puede entonces escapar de la rueda?

VIEJO. – Algunas religiones persiguen la salida a través de una conducta consiente: realizar buenas acciones, practicar la caridad, no comer animales etc. Con todo el énfasis en el acto en si como algo bueno y personal, mas allá de la razón, desapegado. Pero este mecanismo centrándose en un aquí y ahora niega el alcance a futuro y así elimina la culpa, puesto que hasta una buena acción puede volverse en algo negativo, como aquella historia del medico que salva un bebe en el parto que luego al crecer viene a convertirse en un tirano despiadado. Otras se adjudican el control de la culpa de sus seguidores al poder eliminarla en forma de perdón (potestad auto adjudicada y refrendada por los creyentes) y así volver a dar crédito para futuras culpas que a su vez serán borradas las veces que sea necesario siempre que se retorne arrepentido y dispuesto a pagar el precio correspondiente en oraciones o metálico.

JOVEN. – En cuanto a la inmersión en esa…

La frase quedo sofocada por la embestida de dos leones hambrientos que al querer refugiarse del sol, habían descubierto a los ascetas en su cueva, agazapando sus largos y musculosos cuerpos llegaron avanzando a través de las piedras rojizas, cómplices de su pelaje. La matanza fue rápida. El festín que le siguió no fue de los mas abundantes pero los felinos dieron cuenta hasta del ultimo hueso. Luego entrecerrando sus ojos al atardecer se echaron a dormir sin experimentar ninguna culpa.

Un día de lluvia (en cinco actos)

ACTO I:

Jane y Harry se encuentran en la ultima fase de un desayuno, platos con restos, una botella de zumo por la mitad, algo de café en las tazas. Esperan que la lluvia torrencial amaine en el exterior. Ciudad genérica, cosmopolita, atiborrada y sucia en un futuro mas bien cercano.

HARRY. – ¡No son solo palabras rebuscadas, si cuando describen cumplen con su propósito jurídico!.

JANE. – Si, puedo escuchar sus cascos galopando hacia aquí, enarbolando la bandera de la verdad absoluta, mientras la tierra tiembla nos da tiempo a pensar en todas aquellas cosas que pudimos corregir, solo para dar a entender el mecanismo que se preocupa en instancias finales mas con un pastel en el horno que con el destino de las almas.

HARRY. – Es por eso que la descripción no tiene que ser apresurada , que el preámbulo de las percepciones tiene que respetarse, de a poco ir conociendo el terreno midiendo los nudos de la profundidad con la mano

JANE. – Nunca te lleve la contraria en ese sentido, aunque el viento me impulsara a darte la razón. Quería solo hacerte notar el peso de una hormiga en tu razonamiento.

HARRY. – Si querida si, mi razonamiento es algo impuro, mas refleja todo esto que me rodea, un ponche refrescante en mi paladar.

JANE. –  No tienes porque burlarte con ese toque funambulesco, aunque el flequillo caído te favorezca

HARRY. – ¡Gracias! en tu nota estética percibo la lubricidad adelantando la lascivia a contramano y en un día de lluvia, agravante si los hay en la jerga penitenciaria. Mi café ya esta frío.

JANE. – Tus síntomas son claros: la maldición de todo artista (que solo quiere ser notado), ¡aquí, aquí estoy, por favor noten mis piedras esculpidas mis barros endosados sobre muros! ¡Estas escrituras imposibles, reveladoras de los problemas igualitarios!.

HARRY. – Ya nadie quiere oír ciertas cantinelas; mucho menos la del significado atrapando el “verdadero momento” y solo por eso transformar una lata de mierda en miles de dólares. Ahora ya todos saben que para la salvación de las almas han colocado menos botes.

JANE. – Las protestas se suceden, los mercados se ríen a carcajadas en halls tan grandes que  podrían abarcar el universo y nosotros debatiendo si besarnos o no.

HARRY. – No incluyas al pobre y frio universo en la receta del fracaso, ya tiene suficiente con su expansión autocritica. Mi café ya esta frío.

JANE. – ¿Pedimos la cuenta? No parece que pare de llover.

HARRY. – A veces creo entender la tendencia general de hacer pronósticos climatológicos justo antes de tener una arcada

JANE. – Eres mas exagerado que cien cínicos de racha en el hipódromo.

(Se acerca una camarera con la cuenta, mientras limpia la mesa pregunta)

CAMARERA. – ¿A estado todo bien?

HARRY. – Quizás el azúcar podría haber estado cortado mas irregular, pero las tostadas eran dignas de un concurso de misses, mis saludos a la mujer del chef.

(La camarera se aleja con un gesto cansado y pensando en el suicidio)

JANE. – Sabes que la gente no lee entre líneas, ni siquiera cuando no lee.

HARRY. – Era solo una broma, de esas que reafirman la condición absurda de estas monedas en la mesa, coge tu abrigo y vámonos. Mi café ya esta frío.

 ACTO II:

Jane y Harry salen del brazo a la calle, súper poblada de gente y de basura,  el trafico parece estancado, la lluvia flota en el aire.

HARRY. – ¡Venga, demos nos prisas hacia ningún lado! Solo para ver la envidia en los ojos de los que no saben que hacer con sus vidas.

JANE. – ¿Seguro que estamos en la dirección correcta, hacia donde es el mar? ¿O el sur? ¿Dónde esta la estrella polar cuando uno la necesita?

HARRY. – Si me subo a lo alto de esa montaña de basura hasta casi podría contar sus tropas, nuevos mangrullos para centinelas desdentados

JANE. – La lluvia arrecia y ya no hay nada gracioso o sarcástico que puedas decir para compensar la humedad en mi peinado, entremos en algún útero que nos proteja

HARRY. – ¡Sí! Otorguemos la razón a tantas vidas arruinadas por estudiosos de la mente, la de los otros claro. El Museo Nacional de Arte se encuentra a dos calles, si podemos sortear la masiva manifestación anti-colonialista-pro-abridores-de-lata-organicos-y-a-favor-de-peines-de-hule-azul, estaremos ahí antes del amanecer.

JANE. – Intentémoslo a toda costa, de cualquier forma nuestras naves se quemaron en el astillero.

(Un mendigo se acerca a la pareja balbuceando una limosna)

MENDIGO. – Si no puedes levantar tus ojos, solamente alarga tu brazo con el dispendio, si no puedes con la idea de lo que mi moral hará con tu propina, hazlo de una manera tan rápida que ni siquiera puedas ser testigo de tu bondad.

(Le pone un par de monedas en el vaso)

HARRY. – Que mendigo mas curioso! Otra figura que será notada mas por su apariencia que por su filosofía

JANE. – Ya casi estamos. Casi.

 

ACTO III:

El gran vestíbulo del Museo Nacional de Arte se encuentra semi-desierto, un cuarteto de cuerdas (dos violines, viola, violonchelo) interpreta una pieza de Joseph Haydn en la primera planta cerca del bar. Jane y Harry se dirigen a la taquilla. La cajera los recibe con una sonrisa de medialuna.

 

HARRY. – Dos entradas por favor, ¿cuáles son las exposiciones actuales?

CAJERA. – Aquí tiene el folleto, lo explica claramente, pero a grandes rasgos seria: en la Primera Planta: arte super-muerto hace siglos para contemplar la predilección de los antiguos por grandes falos de piedra de todos los tamaños. Segunda Planta: el expolio de nuestra nación (gran orgullo) a la mitad o mas del mundo conocido, desde la dentadura del Budha, a el papel higiénico de Lenin, mas todas las pinturas, esculturas, fotografías, litografías, instrumentos de tortura, artesanías, etc. concebidas (y me atrevería decir hasta futuras) que solo nosotros sabemos preservar para la posteridad. Tercera Planta: tenemos un simposio sobre “La sintaxis inversa aplicada a la malinterpretación del arte como una sucesión de tortas en la cara” a la que me temo,  no se puede acceder sin los obligados trajes de baño.

HARRY. – Okay, solo tomaremos algo en el bar hasta que pase el terrible temporal o estemos navegando sobre vodka.

CAJERA. – Como es viernes el precio es a voluntad

HARRY. – (Para si mismo) ¡ Esto es la cúspide de la hipocresía!  Puedo ver como se llenan  de lagrimas los ojos de los dueños del dinero, como se felicitan unos a otros y asienten sin parar  con sonrisas porcinas: UN DIA GRATIS DE CULTURA es como poner una apósito en un brazo amputado.

Que generosidad! ¿cuánto deberíamos dar Jane?

JANE. – Se supone que el truco reside, en pulsar esa cuerda de remordimiento que nos impide mostrarnos como somos, nos enseñaron con mucho esfuerzo que uno es lo que paga.

HARRY. – Eres un embalse lleno de razón, aquí tiene

(Alcanza a través del mostrador un billete de 5).

ACTO IV:

Sentados en el bar del primer piso luego de una recorrida por los salones, el concierto se encuentra en receso, la gente en las mesas conversa desmedidamente fuerte, ellos beben vodka tonic.

 

HARRY. – Ahora tengo la seguridad que Gauguin, sabia como hacer las cosas.

JANE. – No te olvides que tenemos una cita para almorzar con Jake y Rita en una hora.

HARRY. – Si lo mencionas por el brillo de mis ojos, se debe mas al recuerdo de las obras que he visto que al brebaje que estamos degustando, aparte que ya sabes que no puedo olvidar nada que sea banal.

JANE. – ¿Qué nos queda en el recuerdo después de un paseo por tantas expresiones y técnicas? Un cansancio en lo alto de las cejas

HARRY. – No andas lejos de la causa ultima de porqué se aguanta tan poco, eso sumado a la perversión de fuente minúscula en los recuadros con el nombre de la obra, sospecho que los hace un relojero. Es demasiado para nadie que no haya ganado cualquier medalla.

JANE. – Puede que la ausencia de marcas genere un vacío emocional con la obra, no estaría mal entonces que pusieran algunos patrocinadores en el periodo azul de Picasso, o siquiera el precio, estoy segura de que ayudaría.

HARRY. – Hablar de todo en detalle, tener que opinar con mi boca completamente abierta emitiendo graznidos como gárgaras satisfechas de las comparaciones que propone, estirarme acostado por completo en términos como: trazos, ritmo, profundidad.. y ver que se encajan perfecto en la estupidez general, me fatiga de antemano.

JANE. – Eres un raro caso de orador sin voluntad popular, pero tus ojos claros y mi boca te perdonan (se besan largamente).

ACTO V:

Jane y Harry se encuentran en un taxi de camino al almuerzo, parados en el trafico cerca de su destino en la ciudad genérica, cosmopolita, atiborrada y sucia en un futuro mas bien cercano.

 

HARRY. – Aunque tengamos la seguridad absoluta que este tipo de encuentros no cambian nada los repetimos mas que la respiración

JANE. – Sabes bien que Jake y Rita son nuevos en la ciudad y bien les vale para crearse una rutina.

HARRY. – Nadie un su sano juicio argumentaría contra esa fortaleza, pero ya puedo adelantarme hasta el postre y quedarme dormido.

JANE. – No te hará mas daño que el paisaje que contemplas por la ventanilla

(Harry observa una larga fila de indigentes que se amontonan frente a una puerta, esperando su ración de alimentos en la lluvia)

HARRY. – Si tuviera que enumerar las causas de mi defensa por locura prematura en el púlpito del juicio, mi abogado no tendría mas que leer la lista de situaciones que vemos día a día, y no me refiero a las abstracciones como descontento, ansiedad, miedo entre tantas sino a ese par de piernas humanas clavadas en mi retina asomándose por las puertas de los contenedores, hurgando en los desperdicios de todos, por poner un ejemplo practico.

JANE. – ¿Ves como ya lo enfocas todo mejor? Jake trabaja en una editora pequeña, de esas que se obstinan en autores con apellidos terminados en ivski o algo así , con lo que podrás conversar sin tener que bajarte de tu cuadro clínico.

HARRY. – He notado que cada vez miro menos a los ojos.

(El taxi llega a su destino, Jane saca su cartera y paga a través del plexiglás que los separa del conductor de nacionalidad indefinida)

JANE. – Vamos será una comida fantástica, confió que sabrás navegar a través de los lugares comunes que sorteaste tantas y tantas veces sin naufragar.

HARRY. – He notado que cada vez miro menos a los ojos, salvo los tuyos claro.

(Tomados del brazo se dirigen con buen paso, sin notar la lluvia que los empapa, a la entrada del restaurant)

Una visita al dentista.

Los centinelas abandonan todas las otras partes de mi ser,

Me han dejado desamparado en manos de un salteador sanguinario,

Todos acuden al promontorio para presenciar lo que sucede

y para atacarme.

Walt Whitman

¿Va a doler doctor? Pregunto ella de forma retórica (con un hilo de voz mezcla de miedo-letargo inducidos por la dosis de éter suministrada) mientras su boca veía acercarse ese tipo de instrumental que solo por su forma y filo no puede mas que tocar arpegios en las cuerdas del sufrimiento. La mujer en cuestión, se encuentra paralela al suelo (no tan higiénico como los recientes avances debieran impulsar) recostada sobre un sillón semejante al de cualquier peluquería de la época, con alguna salvedad en su construcción (mas robusta) a sabiendas del fabricante, cómplice de las iniquidades de su uso. El ambiente rectangular sin explicación arquitectónica aparente, es el consultorio del renombrado dentista Dr. R … que practica según la opinión de sus propios colegas las mas adelantadas técnicas en ortodoncia (desde aquel mítico Fauchart y sus introducciones o mas precisamente extracciones, a la técnica, que en su momento consistía puramente en arrancar de raíz todo problema si se permite la metonimia). Así, mientras la paciente mantiene estoicamente la boca como averno, entre divagaciones de saliva, comienza la tarea en las manos diminutas (rasgo que le valía su renombre) del odontólogo, que no se encuentra solo frente a semejantes espasmos como oleajes; nunca dejaba de felicitarse por la sabia decisión de tomar como aprendiz (sin ninguna posibilidad de lo que hoy se consideraría “promoción”) a Inglewood; dediquemos unas breves palabras, a este joven producto de la falta de imaginación o posibilidades (por igual) de las muy extendidas familias de clase obrera con alguna capacidad de ahorro para enviar a alguno de sus hijos (esta elección recae generalmente en los que permanecen vivos) a la facultad de alguna ciudad de provincias, donde podrá formarse en dos o tres años según su asistencia a la taberna local en: copista, ordenanza, amanuense, etc., de variopintas profesiones, para salir disparado a una renta de máximo dos chelines, coronas, duros, o similares al mes, por el resto de su existencia. Pero volvamos a nuestro rectángulo, y mas precisamente al sillón donde los rudos brazos reparten el esfuerzo de sujetar con unas correas diseñadas para tal propósito, y nos encontraremos que el proceso avanza lentamente (en el reloj del muro al costado de la entrada y mas aun en la mente de la paciente que adolece la confusión cegada por un foco apuntado a sus entrecerrados párpados) aquí diría que el verbo proceso tiene tintes de adjetivo, por el espectáculo que se desdobla reflejado en los impertinentes del Dr. podríamos evocar los campos de batalla en la campaña napoleónica a Rusia. El instrumental, en este preciso momento personificado en un largo utensilio símil palillo chino acabado en gancho, trabaja obstinado en rasquetear a través de la pequeña abertura realizada por alguno de sus socios de acero, la raíz de la hemiarcada del segundo molar, en el intento de vaciar la infección recurrente que (cual carcoma a la madera) vive a expensas del nervio. “Cuanto se había avanzado en técnica y sabiduría” se vanagloriaba el dentista, evitando que una sacudida mas violenta que las otras hiciera volar por los aires la bandeja de plomo encargada de aglutinar el material de trabajo “Como todo en el pasado era serrar, extraer, extirpar y por ahí van los epítetos”.   Luego de una breve pausa y otra dosis de éter, la mujer tenía los ojos desorbitados y el rostro bañado de sudor, como si sospechara que todavía quedaba un buen trecho por horadar, y no se equivocaba, ya que se ponían en marcha una vez mas “las técnicas modernas”. La cabeza le daba vueltas traída una y otra vez al presente en picos de dolor, inundando como la pleamar hasta el ultimo de sus conectores nerviosos, que no dejaban de anunciar el fin del mundo, ora se alargaba su esperanza un centímetro ora se zambullía en esa negrura salpicada por aureolas de colores que el dolor florecía en su mente y su espíritu, mientras sus fuerzas se debatían contrarrestando los tirones a dos manos del Dr. en su quijada. Prefería no estudiar en detalle los sonidos, ese roce tan desigual por el carácter de los materiales, que escuchaba mas con su interior que con sus tímpanos y optaba por seguir alejándose del desmayo como el funambulista que camina equilibrándose por los segundos que lo acercan a la llegada. Apenas si una brisa imperceptible mecía la cortinas por la ventana entreabierta, mientras la comunión de hilo y aguja recorría punto por punto la sutura final, ya podía Inglewood aflojar la presión de sus brazos y liberar las correas (mientras su imaginación se adelantaba a los excesos que le esperaban por la noche), ya sumergía las manos el Dr. en la vieja palangana para quitarse las manchas de sangre seca adherida a la piel de manos y antebrazos satisfecho con el trabajo realizado, ya se incorporaba la paciente con esa parsimonia que acompaña cualquier tensión extrema, asintiendo a los repetidos cuidados que debían tomarse en los próximos días: reposo, alimentos líquidos, enjuagues con agua tibia y bicarbonato de sodio, a sabiendas que cualquier dolor comparado se miraría desde arriba. Queriendo liberarse del ilustre Dr. , su ayudante, la imagen del material todavía empapado sobre la bandeja de plomo, el reloj del muro al costado de la entrada que ahora barajaba el tiempo normal, la robusta silla de cuero; se encaminó con premura hacia la puerta, luego de abonar los honorarios correspondientes, y bajó por la escalera hasta alcanzar la calle, liberada, caminando al compás de sus latidos maxilares, hasta lo próxima visita al dentista.

Grandes Paisajes

Del combate con las palabras ocúltame

y apaga el furor de mi cuerpo elemental.

Pizarnik

 

Quería describir grandes paisajes, de esos que se ven en los pósters de lagos con brumas pesarosas como un derecho adquirido por miles de mañana heladas o aquellos otros de montañas verdes con aristas escarpadas y su infaltable ladera moteada de pastos uniformes, o también … “perdone” le espeto un comprador que se encontraba mucho mas cercano que sus divagaciones paisajísticas; la distancia justa de un brazo para alcanzarle 1,50 (siendo este  el valor exacto del periódico que ya se acomodaba en el sobaco). R.. murmuro algún fonema a modo de despedida decidido a retomar sus fantásticos viajes (como le gustaba llamarlos a el , en augusta contradicción con el “estar en babia con esa cara de boludo” de su socio en la venta de revistas). No hay que omitir, que el formato de la aun no mencionada estancia, contribuía notablemente a sus propósitos, como las anteojeras equinas, el “puesto de diarios”, el ultimo de la costanera, estaba orientado hacia el Rio de la Plata, haciendo una gran ventana por la que entraba una “señora”corriente  de aire (sobre todo a las madrugadas en la espera anaranjada del alumbrado publico) y que hacían de R.. un personaje bastante abrigado, hasta corpulento de pura lana. Ahora bordeando el mediodía  y varios grados mas fresco, hora “en la que no pasa ni el loro”, podía recostar la silla alta contra los fascículos jamás vendidos de jardinería y bricolaje, que hacían las veces de respaldo y seguir insistiendo en un mate y su potencial futuro como descriptor. No sabia de donde le venia la herencia, ya que su viejo era florista y su mama ama de casa, jamás habían tenido siquiera un leve desvío hacia cualquier forma de literatura, ni siquiera algún tío o pariente lejano que le sonara intelectual; podían atestiguar a su favor las innumerables reuniones familiares: sendos casorios, el bautismo de la sobrina de Raquel, el entierro con su respectivo velorio del cuñado de su hermano y la cascada anual de navidades, pascuas y una cantidad de asados a mansalva “que para que te voy a contar”, estaba seguro de lo poco que entendía de genética, que esta no podría estar involucrada. Saberse solo le daba una pequeña alegría como un respingo en el pecho, parecido a aquella sensación de travesura no descubierta. Para hacer efectivo el registro de detalles, llevaba un cuadernito verde, con las manos enguantadas (recortados en las puntas) señalaba aquellos exabruptos como raptos de inspiración que le venían. Alguna vez había escuchado de “un señor muy piola” que observaba había que desconfiar como escritor, de esos arranques inspiracionales, pero  R.. según su propio criterio, no sabia exponerse sino era “en una tacada las frases y pararse a releer ya bastante adelantado”. Dejando la mesura para otros, rubricaba sus mentadas descripciones en los renglones cuadriculados del tal cuadernito verde. Le gustaban los paisajes porque evitaban las disgregaciones de los personajes “que va a decir un paisaje? si esta solo …” cavilaba mientras arremetía con adjetivos y penumbras, ciertas dunas del bajo Egipto. Ya en la hora del almuerzo encajonaba sus pensamientos, y se dirigía por “la alguna vez recta” vereda al lo de la Roberta, un puestito para los trabajadores de esa parte del río y algunos pescadores esporádicos. Ahí se codeaba con los pormenores de la jornada “que si lo pone a tal no nos hacían el tercero y que si aquel otro porque no se compra una gamba que mira que es un muerto y …”  mascullando un sándwich de vacío escuchaba también el zumbar en ráfagas del viento. Nunca se había arriesgado con el paisaje local, como si fuera imposible sacar atributos de las montañas de arena de las constructoras, o ensalzar la negrura de las playas moteadas de basura como confeti, o a quien se le ocurriría comparar “ese barandazo” con el sudor cargado de los pantanos del Misisipi. Si bien que en ocasiones descifraba cierta belleza: cuando el sol se ponía entre los edificios del fondo, dejando esa dentadura vertical en evidencia, la tristeza hacia adentro del muelle de pescadores, y también ciertas épocas del año: cuando en junio florecen las “tipas” y pintan amarillo las veredas, o la canícula y su viento tórrido que se entretiene en remolinos sobre las revistas de cotilleos,  “podría intentarlo alguna vez” se dice, mientras le alcanza un paquete de figuritas a un mocoso de mirada impaciente. Una de sus principales fuentes de inspiración son, obviamente, objeto de su trabajo y se avergüenza un poco de que si alguien le pide el “National Geographic” se lo tenga que vender con alguna que otra mancha de bizcochos Don Satur, hecho bastante improbable, según la inclinación lectora de los muchachos de esos lados, mas allegada a periódicos de “fobal“ y señoritas livianas de ropas. Viajar se encuentra en la parte alta de sus ambiciones, ya que el mismo nota que seria el proceso análogo al de las revistas, salvo que tendría que contentarse con algún fin de semana cerca de San Nicolás donde su cuñado tiene un terrenito, o como aquella otra vez que estuvo pescando tres días en el Delta y se lo comieron los mosquitos; incluso venderle su parte del puesto al Negro y dedicarse de pleno a la escritura para viajes, eso si, con un curriculum vacío de referencias pero una poderosa imaginación, al final de cuentas “que sabe el tipo que lee si uno estuvo realmente”. Así R.. va dejando partir la tarde para darse cuenta en un respingo que es re-tarde, que todavía le quedan infinidad de mandados y aparca el cuadernito entre la tercera y cuarta capa de ropa, después del pullover marrón, en el bolsillo de adentro, “siempre al atardecer aprieta la ventolera del río” murmura mientras aguanta con las dos manos la persiana y le pega una patada al estante para que entre en razones.  Con el puesto bien aparejado, se encamina a la parada del colectivo 108, que por suerte pasa seguido “pero que hay que ver si para”; postergando para otros días, mas descripciones, como esos desiertos sin esperanza de inapelables corrientes a ras del suelo, de glaciares épicos obstinados a las laderas o el azul de mares de…….

– I

Desde una arista

adivino el abismo afónico,

tu alegria columpiando al viento cien oídos

(fustigar cortante del crepúsculo en mis labios).

Un resultado en misterio razonado,

que se muestra niño tal y como es,

y sonríe nacarado porque no sabe

y todo lo ignora porque sospecha;

pero corre como el canto en cascadas,

alegrando las sombras a su paso.

Aliéntalo el mundo a El y no a otros

(que en sus ojos cancelan la alegria

que no retumban en el eco de los bosques

que dormitan el peor selvatico de los sueños).

Como el hedor flotando en el tumulto,

la caravana voraz de mi angustia que casi te hiere,

pero perdonas melaza sin rencores,

y conduces documental

el soplo contenido

hacia

mis ojos de luna.

Hambre…

Una imprecación de labios contiguos,

el paseo se imita delante de mis botas

a pesar del deseo que ofende,

dilatando una corriente entre las piedras de mis huesos,

la premonición del impacto en las ideas.

Un día soleado se evapora ignoto a cualquier designio,

ojos que sopesan transeúntes periféricos,

ese indice arbitrario que llamamos atención,

rostros obligados

anhelando inducir la curiosidad de su rutina,

me eludo:

allí por donde

truena el soliloquio,

desprendiendo el velo del alma,

mis ojos de juncos zaheridos

o las risas

familiares,

el espíritu bulle en la superficie exacerbada

y retuerce,

cada silaba el espiral del ideario,

el ancla desmintiendo la deriva

la erosión de la caricia.

Una satisfacción…

Una satisfacción derruida,

el paladar reconfortante.

Aún escalofrío acalambrado,

mientras

la estufa expira en estática,

y mis piernas se dobleentrelazan en

abrigo,

ignorando el absurdo de las sabanas.

Mi muerte

corteja

imaginarios,

brotando en veredas pasadas,

letras,

que hacinan el inventario final,

de promesas,

des

echas

en gestos.

La seda …

La seda

sobre el orden señalando

arrecifes

en espuma.

Ropajes sin moral ni moraleja

olvidando pájaros rectos,

frutos

de algún desliz en la mirada,

la carencia de una flecha facultativa en su despropósito,

silencio entre almendros frecuentes,

un cansancio ensimismando

la nulidad de estas palabras,

que pasean

callejón

de piedras conductoras

el único miedo de ser significado

sol ayuno

de mi esencia.

Me encojo…

Me encojo hasta hacerme invulnerable

abrasando remolinos traicioneros ,

la descripción de la corriente

espuma la palabra con fuerza inagotable,

detritos repetidos.

Fijo los ojos muertos como peces de tan quietos,

la garganta se opone empalizada

o escandalosos cuervos,

al silencio en tromba

con el falso orgullo del vencido.

Mientras prueba docta la vida

su anchura cercana,

fracasando un azul inabarcable.

Senda…

(Se expresan

sonrientes cristales  las entrañas

significado sobre piedras

el camino se superpone al andar

ahuyentando blanco en la maleza

la aprehensión de un destino.)

El ritmo suena compases pulmonares,

jadeando un rictus genuino,

la existencia ensimismada,

expandiendo una belleza sumisa de mujer.

Se cuela intersticio el paisaje

en el ojo equidistante,

anunciando a vivas voces en gargantas silenciosas,

árbol  o vuelo o agua o nervadura;

veo el idioma

fugarse antes significado,

que barre en un viento alado

la ternura del momento natural,

aunque las yemas no atrapen,

el río cabalga desbocados corceles,

en ese gasto desapego de abundancia,

sopesando la balanza,

sin un trazo de amargura,

lisa rechaza la piedra que acaricia,

otros días de castigado despecho,

temblando su bravura enseña triunfal,

a nuestros labios ausentes,

en el corazón de su humo

el final adivinado.

Por delante goteando el trayecto

la lluvia salida del casto imaginario en gris oscuro,

mi cansancio navega mares musculares

arrastrando brazos colgados en protesta,

el espacio ignora las paredes,

abarcando mece un latido:

adusto en madera

abyecto en zumbido,

el alma eco-a un grito disconforme,

la resistencia pasiva al infinito,

y cada paso estalla

perdido,

sin oído alguno,

que atestigüe

a su favor.

Llora el sendero y alza su voz retumbando en el carcaj de tus ansias apiladas, ¡vamos!  admite las emociones en puertos futuros, con la luz por delante como si estuvieras muerto, con la claridad de los astros ausentes vergonzosos del día. Contempla hasta el abrazo el vacío, aunque los árboles se tuerzan ablutivos tienes que cegarte en la comedia , el destino iguala los celos del segundo siguiente, ese gesto que sacude la tarde dejando caer los frutos ¡no te detengas! Cada insecto contribuye a la tarea laboriosa que anónima clama que se violaron las reglas, que el círculo no es perfecto si su mano no lo cierra, que el grito se ahoga porque no es sino otro forma de suicidio ¡no caigas de rodillas! ….No ahora , justo cuando la luna ofrendaba las raíces, cuando el vuelo te mira desde abajo y todas las profecías se cumplen al unísono, escucha otra vez con tu nariz el viento, que susurra callada consonancia , tu nombre en el olvido.

Entre cobijas recónditas …

Entre cobijas recónditas me agazapo dilatando la paciencia, un oleaje dispuesto a barrerlo todo, la tardanza de una piedra en el vacío del aljibe, el verano en el hueco de tus labios, fuego que se jacta en el foro de los que he sido,  pero me contemplan con sarna, mientras en un ademan, el actual, les saluda viento con sabor a cenizas.

Recuerdo

jirones de noche,

ciertos vicios patentes,

naufragio en aguas claras,

una voz que calla el estruendo

haciendo alarde en arpegios

al ritmo

de tus intestinos,

mirando fiel reflejo amarillo,

la tarde encaramada

a un bonzai indeciblemente bello,

ahogando,

la luminosidad de mi estar,

sabiendose soñado,

sabiendose a secas,

el estado es una injerencia del tiempo sumado

a la desesperación nada musical,

de este desvarío.

Mis lagrimas penden racimos industriosos.  A ti alma te compilo estos versos, a ti que te desquitas como un reptil desinteresado para luego manar eruptiva con la agilidad convexa de los recuerdos de la infancia, elevandote sobre ese mar interior que te refleja en los espejos, vestido entallado de mortaja, sentada sobre el trono de la palabra huérfana, no te encuentran ya las descripciones de los vivos, tan tranquila te meces en lo eterno, mientras se prosterna evidente la esperanza, escanciando el vino mas amargo……  Eco que repites? … no seas ladino y calla.

Corretean…

Corretean los minutos en el juego,

que les toca apenas un segundo,

me entristece  verlos alejarse,

llevandose ansiosos

el perfume de la tarde,

que obedece en dimensiones,

de forma indivisible,

al hilo del presente.

Un azul estancado, el cielo de tu rostro,

la brisa concéntrica o los objetos cotidianos,

que doblan

en inabarcable esperanza,

miríadas de soluciones.

El futuro saluda el olvido,

derramadas imágenes

que aferran indelebles estas lineas,

en otra tarde peculiar.

En la calma necia…

En la calma necia,

el bosque obvia la presencia,

la metáfora del mundo desbarata la mirada,

sigiloso el sentido descansa en la ignorancia,

y el  follaje disconforme se reúne obligado;

al filo del vilo,

la brisa hiela

los sinónimos que tejen cabales el significado,

como el vuelo confiado en la inercia,

la compresión despojada,

evita la explicación circular,

absoluta,

profana en el ocaso del verso

el agua niega la huella.

La niebla que enferma mis ojos…

(La niebla que enferma mis ojos en un blanco de contornos me rodea)

– … ¿de donde viene tu voz tan nítida?

– Aquí mi amor , detrás de tu conciencia me articulo y soy feliz a la manera incorpórea del recuerdo.

– Entonces ¿no es mas que mantener esta conexión de pensamientos transmigrados?.

– Podría ser una solución, aunque a la larga las necesidades fisiológicas se impondrían, grande seria un cuerpo que solo pudiera vivir de un amor como el nuestro.

– Solo encuentro beneficios en esta locura, porque solo puede ser una rematada y absoluta locura, si te encuentras tan lejos.

– No nos aboquemos al análisis minucioso de los hechos pragmáticos y disfrutemos de este paréntesis de las leyes.

– Debe haber algún registro en el pasado amoroso de los siglos, de algún caso similar, quizás el hecho de no haberlo deseado haya jugado algún papel clave.

– Simplemente te siento, de la manera mas casera y displicente, tu temperatura corporal esta desatada como si el estado febril sirviera de excusa.

– Desde que nos separamos que vago por las calles absorto en el pensamiento concéntrico de tu ausencia siguiendo el ritmo cadencioso de mis pasos escurriendose en una realidad que no me pertenece y ahora que me llega, tu presencia me amalgama.

– Cuidate de no ser arrastrado en la cascada que propone el amor desesperado, quizás por eso sentí la necesidad de encontrarnos , de rescatarte de mi.

– Quiero abandonarme a este lado del espejo donde flotan nuestras voces y el cariño amable de tus palabras me arropa, aunque temo que espontáneo como empezó se interrumpa.

– Tan típico es que los amantes disfruten a partes iguales de su pasión presente como de las desventuras futuras que es vano repetirlo, así que enfoquémonos agradecidos en el misterio.

– Quizás si no interrumpiéramos la conversación , como la creencia en los mantras que sostienen el universo.

– No funciona así el equilibrio de este paréntesis que camina por el cable que crearon nuestras psiques, tiene un carácter mucho mas básico , con matices de aquellos deseos irreales y adolescentes.

– Como me hubiera gustado conocerte entonces! y así alargar nuestro amor hacia atrás.

– Nos hubiéramos entendido entonces como ahora ya que nuestra fuerza reside en la convicción absoluta de pertenencia desinteresada, en la promesa que repetimos al mirarnos y que cambia con los años pero que no sucumbe a las diatribas comunes.

– Entiendo en los huesos lo que dices, de solo pensar en los falsos romances que tuve hasta conocerte, como comparar un resfriado con una dolencia terminal.

– El hecho de no creer en el tiempo como desgaste sino como desperdicio de tu ausencia.

– Me enajenan las formulas que usan para explicarnos.

– No escuches los ecos que a la larga se amontonan y confunden, fundamos un abrazo a donde quieras que estés, como en aquellas noches en que  juramos perpetrarnos en cariño.

– Se ablanda tu voz, y se aleja como un bote a la deriva.

– Redoblo mis esfuerzos mi amor, te deseo y me entrego al universo!.

– Ya no te escucho! mis manos en ademanes recorren vacias los circulos que describen……

(Y la presencia inequivoca del tiempo marca el murmullo de mi alma arrastrando el método usual de contemplar el mundo en un análisis desapegado, sumergido en la experiencia recurrente)

Solo su cuerpo …

Solo su cuerpo

ocupa el sofá de una forma inconexa,

por la ventana el sol viaja de un parche a otro de sombra

y reticentes las cortinas ondulan su azul penetrante,

nada se escucha en el santuario del ensueño,

ni un ápice de onda penetra el descanso,

donde el enigma se transforma en imágenes,

nobles desvaríos de una mente desbocada

sin el yugo celoso del control,

nada conspira contra la pausa del silencio,

sueña

que ignora su alma entera,

el poder analítico estancado,

concede una tregua,

en la tarde imposible.

Invoco tu voz … (a Ronnie Adamson)

Invoco tu voz exponiendo el consejo, de la futilidad del momento feliz, que la playa fidedigna que nos sostiene, se evapora a pesar de nuestro indignado esfuerzo, entonces la zozobra, como el caudal de un arroyo, arremolina la cabeza infantil, que por vez primera acepta, con la brisa húmeda del río soplando en bloque las ultimas nubes perezosas del crepúsculo, que no hay modo de apresar las emociones, que reconocer esta angustia es una forma de grabar con una daga el marco del tiempo mientras el río azafrán todo lo envuelve, luchando por no ser menos que el cielo, prolongamos el paseo ateridos al misterio perfecto cavilando tus palabras, apretando el calor de tu mano en aquel presente, obligo la promesa de atesorarte en ese delta imaginario, en el silencio cóncavo de la noche que nos arropa apresurada….

Plaza San Martín…

Permanecen blandos los lirios entre jardines aburridos de abarcarlos, a la sombra se pasea mi alma por la tierra, los caminos trazados para el disfrute de la razón, un paisajismo que calma las aprensiones combatiendo lo aleatorio, la plaza respira con la calma de los grandes espacios, ocultando sus pequeños recovecos hambrientos de presenciar  desamores , susurradas promesas; banco de piedra, un anciano vetusto en su postura alimenta unas palomas que arremolinan azules su codicia mientras exacta una campanada vuela en todas direcciones, las voces infantiles estallan en picos decibelios, frases sin sentido explicando las reglas que garantizan la diversión debajo del ombú,  rectángulo el arenero llena mis pupilas mientras desanuda la pila bien ordenada de los recuerdos con su impenetrable permanencia.

Musitan…

Musitan las voces mientras persistimos a la espera rectilínea del juzgamiento, un sitio en la burocracia retrospectiva de nuestras certezas, para allí encontrar la manera de juzgarnos en fases acordes al descreimiento que nos acompaño, y los vaivenes espirituales que nos sacudieron al céfiro de la duda; como categorizar los estados y las horas dedicadas a la desconfianza de abocarnos definitivamente a la creencia, merodeamos por infiernos atónitos, avernos a medida , empuñamos la tragedia que se reglamenta según la imaginación, sin testimoniar agotamiento, nos abandonamos confortables, mientras la pira impaciente abrasa sin remedio, expresandonos en pequeños gestos ya sin importancia en la ultima frontera, donde todo acto se explaya en la trivialidad de saberse fútil, en vano disfrutamos, hasta el desenlace, de nuestro escepticismo mientras se extingue dichoso, perennes suenan las ruedas con despojada alegría, calladas muelen, y no saben…

Juntos…

Juntos dan el paso que cubre la próxima estrella en el reflejo,  las ilusiones intactas no saben del futuro o lo ignoran a conciencia como una venganza anticipada,  entretanto conjugaciones de arena y espuma van  lavando las promesas,  idilios dulces y pretéritos,  el momento con la fuerza del conjuro es la  risa del mar que sacude los trópicos colándose en cada intersección,  afectando la conciencia que discordia en las sombras,  un bote se mece y estremece la madera , que protesta en sonidos acostumbrados,  la rama se suelta del árbol ajena al dilema,  se abrazan,  mientras las frutas se ablandan y maduran corroídas en temperatura y la termodinámica intransigente,  como en un juego de niños con reglas absurdas la vida se sacude inquieta abarcando las explicaciones y los miedos,  las casas ofrendan sus luces,  desnudas las bombillas echando en cara la modernidad descarnada,  siguen el paseo por la orilla que delimita los estados,  la noche abarca sus almas cotidianas,  el poblado con gentes de otro tiempo se cadencia a lo lejos y convida al viento sus frituras y melazas ,  el histrionico reverberar eléctrico de la música se suma a las palabras que se agitan en anécdotas y risas ,  atruena la canción de la vida opuesta al silencio como otra forma irrespetuosa a la muerte,  allí dirigen su paseo,  al bullicio escandaloso del gentío,  mientras el lagarto ignora y el cangrejo ignora y la savia que recorre la selva ignora,  sin jactarse de ser profundos,  carentes de importancia,  en la noche iluminada.

Alacenas…

Alacenas

ceniceros

pizarras

engranajes

herramientas

piernas

secuoyas

escarchas corrientes.

Remolinos

sombras

muros

hambrunas

cansancios

arenas

sacudidas en oleajes.

Puentes

moras

gusanos de seda

emires

salares

pastos

y el ozono que embelesa,

fenomenicos truenos mitológicos

tu recuerdo

extrañar mas que el dolor

molinos que repiten

círculos

y el asfalto implacable.

La pendiente lo deslizaba paliando la gravedad, tercas las manos respondiendo al manubrio, gobernaban la bicicleta en inercia irrefutable,  algo había sucedido, algo categórico en irrisorios niveles químicos pero estimables , como si por fin hubiera dado con la formula premonitoria, lo enfundaba una suave parálisis que respondía a la intención de no tener que tomar decisiones nunca jamas, sino remolcar su masa hasta las conjugaciones y circunstancias correctas y allí postergarse como un objeto desvencijado en el altillo,  que la percepción superpuesta a los hechos hiciera el resto, antagónico a la realidad su razonamiento freno en seco como queriendo no atropellar la falacia, desoyendo al curioso vendedor que llevaba dentro siempre dispuesto con su maleta de falsedades resolutivas a medida, quería aplicarse al momento, el infierno son ideas que no cesan, pensó, mientras el viento ignoraba que olía a jazmín, y el,  de cualquier manera seguía pedaleando…

Los pasos …

Los pasos resonaban contra el pavimento con una cadencia obscena mientras el discernimiento se sumía en aquelarres, semoviente contemplaba desde fuera la supuesta concatenación de las ideas, que sin darle mayor importancia comprobaban su locura,  con la calma aparente que revestía se sentía blindado al juzgamiento que toma por apariencia la costa que es la piel, mientras  refulgía incandescente  en su fuero la comprobación de estar perdiendo el rumbo , empero la luz se extinguía en contornos escurriendose de sus pupilas , un gesto transeúnte lo devolvió  a sus cabales , quizás la marcha forzada por la exacerbación y su correspondiente sudor obraran para aterrizarlo  inmediato a la realidad, es sabido , y el mas que nadie no ignoraba que la tranquilidad proviene de un método sistemático que debe ser abordado desde ángulos variados, para así como una bóveda alcanzar la solidez que resista los embates del delirio, red entramada de justificaciones coherentes, pero cuando comprendía que su estructura carecía completamente de apoyos sustanciales,  que el sistema encallaba en la falta de credibilidad que el mismo quería imponerse como un debate entre un maestro versado en dialéctica y su novicio que no comprende los dilemas morales, aunque por momentos disfrutara en el abandono del intelecto, y ver desde fuera la ciudadela vacía , incansablemente asediada, mascullando ese letargo se condujo como embriagado por el torbellino hacia un banco de plaza, en el que recostó sus miembros extenuados por la tensión nerviosa, sus temblores contrastaban con la luminosidad ensolarada del fin de tarde de agosto, en esa tregua de movilidad encontró un remanso que dejando paso a la ansiedad de llegar a algún lado como solución se desplegó en un bálsamo anodino, la claridad yacía inerte en su alma como un escarabajo obstinado en caparazón, sus gestos se crispaban respondiendo al baiven interno, si al menos hubiera una causa a que achacarle la incoherencia , una dulcinea que explicara deux ex maquina su comportamiento , un justificante avalado por los cánones culturales, pero sabiendose desprovisto de excusas, sintiose desnudo ante el comité psiquiátrico con aire de chiquillo que llora porque sabe que ha obrado mal y siente el injusto  remordimiento de haber cedido a la tentación , un suspiro lo sobresalto en alerta, algún mecanismo todavía funcionaba paralelo a su voluntad, y la gobernación de la maquina respondió al exabrupto físico como punto de partida hacia otras diatribas menos obscuras, la solución yogui del aquí y ahora no solventaban la inquina como tantas veces ni las salidas tengenciales de vagabundeos a responsabilidades inmediatas, mientras se enjuagaba el sudor de la frente y peinaba sus cabellos con aquel gesto practicado para aleccionar el flequillo hasta la posición deseada, sabia por experiencias pasada que su estado actual distaba mucho de un ataque de pánico , que surge eruptivo revelando la conciencia de la mortalidad y arrolla a su paso los prados de la seguridad cotidiana, el presente distaba opuestamente al descontrol del arrebato o la taquicardia desesperante del exabrupto, era mas un río desbordado que corroe los contornos, que avanza sobre el paseo y los parques aledaños, con esa calma desprovista de tragedia que se quiere achacar a la naturaleza, ni si quiera podía apoyarse en la lastima futura de sus afectos mas cercanos que tendrían la misma explicación que hay para todas las desgracias mayúsculas que sacuden la rompiente que protege las plácidas arenas del día a día, el regocijo de su desgracia lo sedujo por un momento en esa auto complacencia del enfermo atendido en mil cuidados, mientras las pávidas sombras avanzaban tímidas, algunas luces discolas descomponían el crepúsculo, en lo profundo de su alma yacía intocada la seguridad , basada en la prístina revelación que adopta varias formas ora de voces ora de alucinaciones cuasi palpables,  de no ser nunca mas el mismo de que su mundo interior se había fracturado como un primigenio rostro ajado, mientras se contorcía en un ultimo espasmo, relajandose en el relevo psíquico de no tener que seguir en vilo, aplastando las hierbas asustadas, se abandono a la música que resonante,  todo lo invadía……

De improviso…

De improviso

se vio atrapado en la sintaxis de explicar las cosas,

una descripción grandilocuente con matices de atardecer imposible,

las aventuras y desamores,

que hacen la montaña descriptiva en un  acumulo de renglones,

se niega a  quedar atascado en el resumen poético que lo ata en economía;

es tan triste verlo desde afuera

y escuchar su cabeza ronroneando en círculos,

apilando adjetivos

se superponen

confundiendo el verbo,

sobrevolando la carroña asequible

de la inmunda prosa minuciosa.

Ajenas las piedras…

Ajenas las piedras se erigen,

eclécticos edificios rehechos,

forzando recta sombra en el cemento;

el aire inmortal,

erosiona los muros y la gente,

que sueñan lejos del presente,

repetidas ocupaciones mundanas,

plasma de cielo sin condiciones,

que pone en retirada el intelecto.

La ciudad acata la orden,

reiterando cansinas inquietudes,

que no hablan de arboles ni amores,

como refugio en el desierto

se aparece el espejismo de tu oasis,

ignorando la certeza del engaño,

me regocijo en le brisa de tus besos,

y me abandono sin saberme,

salvado

o loco.

Adiós…

Adiós a un instante,

que persigue irrevocable,

la procesión de estas lineas.

Decantando en pretérito,

la intención pluscuamperfecta,

adiós a otro instante….

Conversación con Bukowski:

Camino por la fina lluvia entrecerrando los ojos por las ráfagas , sintiendo  las gotas deslizarse por mi rostro, me apreto pegado a la pared disputando con los transeúntes la protección de los balcones , cada tanto , alzando la vista enrrededor , tengo la sensación de irrealidad que a veces me asalta al contemplar la rutina incontestable, llego a la esquina a la hora prevista por el semáforo y sorteo una convención mas entre paraguas atolondrados, grupos de turistas multicolores se refugian de la cortina perpendicular de agua que insiste, el mundo tiembla mas que nunca en su normalidad empecinada, el proceso de razonamiento permanece impermeable, sigo esquivando las piezas cada vez mas abstractas contra la humedad que refresca sin importancia, desconfío de la sensación de bienestar que me provoca la calle semi desierta, gente en cualquier sitio sin orden aparente rebuscando en lo mas común de sus tareas anodinas, cada limpio minuto que se escurre avanzando paso a paso mientras las suelas se funden en los charcos espaciados por la pendiente….

Es la hora de cerrar los ojos…

Es la hora de cerrar los ojos,

una caricia que alimenta,

a través del tacto,

esa ansia de pavura,

la noche tapiada en oscuro,

sobrecoge los sentidos infantiles,

que sospechan del cántico somnífero,

besos y caricias oportunas,

rehusandose consciente al cansancio,

de la nana.

Alejando irreparable un susurro anhelante,

queda en pos el cariño,

y con el ultimo esfuerzo lo remolcan,

grifos fantásticos o aterradores,

en la brisa de la noche,

amalgaman desvaríos,

para solo volver,

liberado,

en la próxima aurora.

Holgazanes felinos…

Holgazanes felinos,

se apiñan en calor,

ignoran la impaciencia evidente,

ilógico trajinar que no los atañe,

o mejor, vislumbran inasequible instinto,

la larga lista que repite,

enumerando los gestos habituales,

confusos quehaceres atraves de las paredes,

sojuzgando evasivos,

los huecos sordos de las voces,

la mirada entornan,

pupila como arista,

entreviendose superiores.

Entre el pulcro insomnio…

Entre el pulcro insomnio,

la  noche ceñida mis párpados,

tierno empeño para alejar el sopor,

pócima del entendimiento,

la imposibilidad inconsciente del descanso,

la mano firme en el timón de las ideas,

vigilia desesperada….

otra vuelta en la postura,

lúcido cada extremidad,

retumban los detalles de la noche,

que cobra su tributo en pesadillas

a los paseantes nocturnos sin amores,

errar

por el yermo anhelando,

una gota de elixir,

que dote la tregua balsámica,

un puente de la sucesión consciente

al histrionico no elegir,

del ensueño.

El canal por duplicado…

El canal por duplicado

elevando mudo el cielo invernal,

la escarcha álgida en la orilla

pugna por congelar la corriente

que se rebela en movimiento,

irradia el disco puro contra un azul lechoso,

que desconfía por costumbre de la falta de nubes,

bañando los campos anegados,

mientras solitaria la estación,

acecha a la distancia

el chirrido del tren ,

ansiosa por exculpar su practicidad.

Aprehendo tu voz…

Aprehendo tu voz

en acordes infantiles entre fugas y compases

tejiendo tramas que desenvuelven contrapuntos,

princesas , coloridos dragones invencibles,

modulando la historia se suceden,

en el eterno cuento imaginario,

que desconoce las formulas retóricas,

insistiendo en la inocencia que retoza

ignorante de la muerte,

en ser niño,

y nada mas.

La hora…

La hora de la borrasca acucia,

el viajero apavorado,

recorre caminos inexplorados,

saberse perdido a cada giro de la rueda,

exento de guías o señales que le apunten ,

millas de tregua,

habiendo recorrido la mitad del camino,

la vida se presenta

como  suele verse al abismo de la cordura,

e intenta en vano , apoyarse en viejas premisas,

que no se aplican al frenesí

donde ha fracasado el amor,

donde se funden la ira y el hastío,

antes de entregarse a su destino,

se lamenta de su suerte,

su rostro empapado,

sonríe a la lluvia.

A cada brazada…

A cada brazada siente el desgaste,

el empuje hacia el olvido seguro en el Leteo,

navegando en la corriente cotidiana de aprensiones

nada en ríos mares o lagunas,

comparte lo profundo con seres y animales,

mitología subacuática de amores odios y burbujas,

piensa sin parar el movimiento

en marinos ahogados en combates,

en mortajas saltando por la borda,

en las fosas abisales que defienden

nocturnos calamares irreales,

se repite la rutina,

la presión en los pulmones,

invoca el presente

irrefutable,

de flotar en puro esfuerzo,

siempre añorando la meta,

la orilla que descansa,

liberadora del hechizo y los fantasmas,

que anhelan en silencio,

sumergidos.

Desde lo alto…

Desde lo alto de la torre,

repica el hierro macizo

en ondas se traduce su deseo….

que interpreta el tañido

y el péndulo oscila

en retroceso esperando la caída,

lenguaje de átomos

que rechazan impenetrables

la hora exacta…

Remos…

remos,

balde sucio,

redes con ansias de profundo

descansan en el fondo del bajel

y sus velas desplegadas

se dirigen cortantes al oleaje

que dificulta

por costumbre

la terca faena del marino

rutina objetiva en movimientos

el cansancio de los años y la espuma

calcula la posición en los contornos

de la infancia y la memoria

como muchos navegantes

conversa con su alma en voz alta

y ya no distingue

en el azul infinito

que sueña que pesca

una y otra vez…….

Sombra arqueada…

sombra arqueada ajada

seca

muda por ser sombra

muda por ser negra

apática

sin sospechar que

imita un ser

que imita un ser

y se repite hasta el cansancio

pobre sombra,

solo a la noche cuando el disco se esconda

podrá liberarse del hechizo

que la amarra

y descansar

furtiva en fotones

en plena oscuridad

ignorante de su don.


Partículas en tropel…

partículas en tropel,

ozono distingue la humedad y el recuerdo,

de lluvias anteriores,

barrios mojados,

baldosas,

que desprenden  a regañadientes

su sequedad empecinada,

la locura esta en la calma.

como

sobreviene el cambio sin aviso,

el saberse microscópico y prisionero,

alienta a luchar en la oscuridad

de la borrasca,

desagüe del equilibrio,

entre el vapor y mi alma.