“La coherencia es el ultimo refugio
de los carentes de imaginación”
Oscar Wilde
N se inclina de manera un poco afectada sobre una mesa cuadrangular de mármol de robustas patas verdes, el suelo arlequín en blanco y negro. Se trata de un bar antiguo en el centro de Barcelona. Afuera el frío deshilacha un viento húmedo, cargado de salitre del mar que no esta lejos.
N -. recién sentado, luego de colgar el abrigo, el Universo se originó en una singularidad espaciotemporal de densidad infinita matemáticamente paradójica y el camarero no toma mi pedido, masculla quitándose los guantes. Se frota las manos con rápida violencia, repitiendo el gesto idéntico al de su madre, tengo los dedos obstinadamente entumecidos en las puntas por el frío, el camarero pasa de largo sin notarlo , ¿cómo puede ser que no vea el brazo en alto agitando la bufanda? a veces hay que poner buena voluntad para no ver el mal en todas partes, practicar la resignación monacal es mas fácil en un retiro sin camareros miopes.
El camarero se acerca, mantiene la bandeja debajo del sobaco, un bigote negro y tupido le confiere una elegancia en desacuerdo con el resto.
CAMARERO-. Buenas Tardes ¿qué le sirvo?
N -. Un té negro con un poquito de leche, a ver si consigo sacudirme el frío
CAMARERO-. No me importa nada, salvo recorrer el trayecto mas corto en cada viaje hacia la barra, ¿alguna otra cosa?
N -. ¿Qué clase de fanatismo es ese que rinde devoción a los centímetros no perdidos?
CAMARERO -. El tipo que solo incumbe a mis zapatos y a mi ¿algo más?
N -. No de momento nada más, estoy esperando a alguien, ¿a que hora pasa la próxima vez?
CAMARERO -. Muy ingenioso , si supiera lo abarrotada que esta mi retina de brazos y ademanes, extremidades por doquier, sonrisas amarillas rellenas de dientes, se gira y se dirige en una perfecta recta hacia la barra
N -. inspecciona con la mirada las otras mesas: una pareja se toma de la mano mientras planean algún futuro aparentemente enamorados, dos señoras mayores muy elegantes beben despreocupadas chocolate caliente con crema en tazas desmesuradamente grandes, un joven con headphones no levanta la vista de una pantalla sonriendo también con los hombros a intervalos regulares. Es agradable cuando la realidad se adecua a las expectativas, trayendo esa repetición de formalidades o rutinas que hacen que uno quiera regresar a ciertos sitios, cierta carga emocional que se agrega ya sea por la decoración, el tacto del mármol en la mesa o el rugido lastimero de la maquina de calentar la leche…
El Camarero retornando por una infalible recta interrumpe sus cavilaciones
CAMARERO, deja una taza, una tetera, una lechera y un platito con pastas, espere 4 minutos o la eternidad para que se haga la infusión, se retira por una tangente imaginaria hacia otra mesa con un brazo en rictus levantado.
N -. Poniéndose manos a la obra, curiosa mezcla de cínico-geómetra , debe llevar milenios aquí atrapado, la única utilidad de las manías es que le ganen la partida a la incertidumbre de la realidad y así nos mantengan en un limbo de minucias personales, mucho mas seguro, se toma su tiempo en la preparación y en especial a la hora de verter la leche.
La puerta de entrada se abre, acompañando con una ráfaga helada una silueta de mujer que se abre paso por las mesas en dirección a N. llegando rápido y por el flanco se deja caer pesada en la silla de madera:
S -. Eternamente embelesado por una nebulosa de leche en un vaso ¿No sueles decir que semeja la imagen en miniatura de la creación? Se adivina a lo lejos como disfrutas.
N -. sin quitar los ojos del recipiente, no dura mas que unas milésimas de segundos, la perfecta descripción de la belleza, revuelve con la cucharita y besa a S. en los labios, menos mal que has llegado, estaba atrapado en la locura sui generis del camarero, mis fobias menores y el nudo de mis zapatos
S -. ¿Perdón? Supongo que no es mas que otra de esas situaciones donde nos vemos obligados a rendirnos sin remedio
N -. Nada fuera de cualquier tragedia que no hayas verificado mil veces.
S -. Se quita el abrigo con un gesto flexible mientras pasea su mirada por el bar y los rostros, reflejan sus pensamientos genéricos una media sonrisa taciturna en el rostro, no se que tomar, tampoco tenemos mucho tiempo si queremos llegar a la sesión de las 8.
N -. Yo pedí un té para librarme de esa clase de frío que se esconde detrás del esqueleto, me trajeron también estas pastas que por su manufactura, color y consistencia son inconfundiblemente de la XIX dinastía egipcia, resalta el comentario haciendo repicar la galleta contra el borde del plato, sirven también para llamar a misa o anunciar alguna muerte eminente.
S -. sin poder contener una sonrisa, no se porque la humanidad insiste en rodear de halagos innecesarios ciertos actos que no lo reclaman.
N -. sorbiendo su té con un ronroneo imperceptible, ya nadie sabe quien los puso en marcha y eso los hace inexpugnables
S -. Como sea, la evidente sequedad ámbar de estas masas debería por si sola acabar con tan estúpida tradición, agita su brazo hacia el camarero, creo que voy a tomar un whisky con hielo.
El euclidiano camarero se acerca a la mesa, se cambia la bandeja de lado mientras saca un bloc castigado por los años
CAMARERO -. Buenas Tardes ¿qué le sirvo?
S -. Un whisky con hielo, por favor.
CAMARERO -. ¿Alguna marca en especial? O le traigo del primero que alcance la definición
S -. Johnny Walker etiqueta negra, el camarero se retira, no me pareció menos cuerdo que cualquiera… ahora cuéntame algo sobre tu tarde ¿estuviste escribiendo?
N -. Sí, por ahora las paginas se acumulan, pero el texto no tiene un cuerpo, una dirección, mis personajes hablan y hablan, de la descomposición de los segundos, el miedo de los peces, los contornos tornasolados en las alas de una mosca….. pero carecen de una convicción personal una fuerza definitiva, son lánguidos como su dueño y eso me molesta, da tres sorbos seguidos a su té, lo mismo necesito embarcarme hacia Malasia en un carguero ilegal o dirigirme a la parte alta de Alaska tras la pesca del salmón.
S -. ¡Seguro que eso lo soluciona! también podrías contraer la malaria o probar las pesadillas del opio.
El camarero se acerca, dejando el vaso y un bol con cacahuetes
CAMARERO -. ¿quieren pagar ahora o el día del juicio final? A sabiendas que les saldrá mas caro, ahora es 10€
S -. rebusca en su cartera y saca un billete de 20€– , el camarero coloca el vuelto sobre un platito de aluminio, hace una reverencia en el límite de la burla y se marcha contando sus pasos.
S -. tomando un largo trago de su copa, contempla la deformidad del bar a través del liquido y el hielo, veo que su locura aumenta o se retrae como la marea, igual que la de todos…. Volviendo a lo anterior, me parece que el dilema del escritor transcurre justamente por el extremo contrario a la falta de historias, el exceso de variables tentadoras a las descripciones es bochornoso, claro que era mas fácil cuando estaban rodeados por tipos medio desnudos y musculosos arrojándose lanzas todos los días desde carros broncíneos.
N -. enarcando la ceja en un gesto de ironía resignada, gánsteres en elegantes trajes , trirremes incendiados, intrigas palaciegas con regusto de arsénico, o siquiera la frivolidad de duelos en salones barrocos llenos de impostores, los tiempos que corren carecen de toda ambición elegante, solo quedan las historias mínimas contadas con ingenio, ahora la tragedia discurre por no despertarse nunca cucaracha.
S -. Lo importante es que sigas con el trabajo, desbocado es mejor que mudo, se que es un consejo de catalogo de esos que resumen la estupidez del pensamiento evidente pero que igual se repiten como pésames o mantras, disfruta del sarcasmo bebiendo de un gran sorbo lo que le queda en el vaso, dejando que el hielo sobre el labio le queme la piel.
N -. Puede que halla algo de razón en los lugares comunes, pero esa es la raíz del problema, que cierran la puerta a cualquier ahondamiento posterior y se conforman como un reptil echado en los trópicos.
El camarero acodado en su puesto de la barra, seca con movimientos acompasados el interior de una fila de altos vasos con estrías por el efecto del lavaplatos, en la mueca de su bigote se adivina el placer que pone en el olvido de sus clientes.
N -. mira la hora en un gesto rápido de su reloj de pulsera siempre 5 minutos adelantado para llegar sin retraso a los lugares, tenemos algo de tiempo antes del cine, podríamos callejear un poco y así probar la acústica de nuestros zapatos entre los muros del gótico.
S -. Se que sufres por adivinar el tiempo que transcurrió desde la ultima vez que miraste la hora, desde que te conozco que juegas ese juego intimo de desatender el tiempo por algunas horas o minutos para ver si tu percepción se acomoda luego al veredicto del cronometro, como una comparación de tu péndulo interior con el del mundo real, en un movimiento amplio de sus brazos envuelve su cuello con una bufanda de flores con aire vintage, pero esas manías y tus ojos me tienen enamorada, así que larguémonos de este bar improbable con rumbo incierto.
N -. se incorpora de un salto, recoge el abrigo colgado en el gancho de la pared, también podemos llegar adelantados a la función, me deleita el aire decadente que se respira en los cines cuando están desiertos, ese silencio adulterado por la acústica, ansioso por la próxima función.
Por un momento deja que su mirada vague por el espacio, la visión del camarero atesorando sus pasos, nuevas señoras con chocolates con crema, otras parejas mintiéndose con sonrisas, la tentación de los detalles…..
N -. ¡me niego a reflexionar sobre todo esto! .. toma a S. por el brazo y esquivando las mesas de mármol, entre risas, salen por la puerta.