La mayoría tiene el poder, por desgracia, pero no tiene la razón.
Tenemos la razón yo y unos pocos. La minoría siempre tiene la razón.
«Un enemigo del pueblo» Henrik Ibsen.
Un viejo banquero caminando por la calle, se cruza accidentalmente en una esquina con la Moral Popular.
– ¿Cómo puede ser? ¿Usted por aquí a estas horas? Si debería estar en su despacho entre transacciones y llamadas. El periódico de ayer recalcaba el estado crítico de su entidad.
– Todos mis problemas quedaron resueltos, el Banco ha sido vendido por la mitad de su valor físico en inmuebles y primas atrasadas, mas la compra total de su deuda pasivos/activos a el Estado Nacional para evitar la bancarrota y con esta una debacle económica nacional irreversible.
– Me quiere decir, -replicó la Moral Popular tragando saliva-, ¿Que lo que le permite pasearse a media-mañana con ese aire tan tranquilo, es que el Estado ha asumido la colosal deuda que su banco había adquirido en un principio?
– Salvando algunos tecnicismos engorrosos matemáticamente se podría afirmar que sí. Luego de varios años de malas decisiones, inversiones fallidas, salarios bochornosos a la directiva, hipotecas engañosas y algún que otro mal momento en la bolsa, creo que la mejor decisión es la que se ha tomado.
– ¿Me sabría informar a cuanto mas o menos alcanza la suma?
– Es difícil de calcular un valor exacto, pero estaría rozando los mil millones de millones. Ya que el dinero no saldrá exclusivamente del fondo destinado para estos casos, incapaz de hacer frente a semejante rescate, sino que también tendrá que ser retirado, de todo el entramado económico/social: cajas de pensiones, salarios públicos, infraestructuras, educación, seguridad, salud y quizás vendiendo algún que otro pedazo del territorio, sería, como le decía al principio muy difícil de calcular.
– ¡¡¿Y lo suelta así tan relajado?!! ¿Qué clase de plan es ese? clamó la Moral Popular a la vez que la ira le retumbaba en los puños y las sienes.
El banquero quitándose el sombrero se le acercó y mirando de reojo por encima del hombro para asegurarse de que nadie escuchaba le dijo al oído:
– Bueno ya que insiste tan vehementemente, le contaré un poco más. Luego que pasen algunos años y el Estado regularice las cuentas con gran sacrificio colectivo se verá obligado, una vez que el Banco esté re-capitalizado y tenga una estabilidad considerable, a venderlo rápidamente (arriesgaría que por menos de la mitad) para poder recuperar al menos una parte de la ingente masa de dinero empleada en un principio para salvarlo/se, momento en el que mis socios y yo saldremos al cruce de tan excelente inversión y compraremos el Banco nuevamente, con los ahorros mas los réditos obtenidos en la venta inicial.
Por un instante el brillo infantilmente alegre de su mirada, casi refrena el impulso de las dos manos que atenazaban su cuello.