Por curvas avanzamos, a través de montañas indicando el tortuoso camino de su esencia, curvas que arrastran con sus formas de lagarto inevitable los vehículos a través del paisaje, eventuales, desiertas o frondosas como postales imperecederas que cualquiera puede inventarse en algún lugar de la memoria, que adora esa manera del engaño que se refugia siempre en un no ahora.
Ídolo pagano desnudo de ofrendas, el movimiento, personificado en el ansia de cada aliento que empaña el reflejo que nos ofrece el universo, tus ojos, mis ojos ¡mil ojos! nos conduce, llevándonos a un próximo destino donde nos servirán litros de aforismos fracasados, donde ayunaremos el típico menú de soluciones simples extra-large con guarnición de compra-mi-locura-envasada, de falsas sonrisas mas finas que el rocío en tus pestañas, donde repetiremos los errores y el exceso con la compulsión de un suplicante, donde el sudor de la ciudad sumisa a las consecuencias, re-inventando maneras de fracasar en la caída, nos mostrará que no hay alternativa a la avalancha de lugares comunes, que hemos hurgado en todas las direcciones posibles, con avaricia, aplanamos hasta el ultimo montículo orgullosos del llano igualitario, ¿qué reglas de etiqueta se deben seguir en este Apocalipsis paulatino? “…por aquí Señora, por aquí Caballero, de a uno sin empujarse, habrá sitio para todos en las fauces del olvido…”
Nuestro interés prefiere adorar, monoteístas de la inercia, solo el movimiento que nos permite ser otros: trashumantes, bufones o verdugos . ¡Acelera a la velocidad de la luz! dejando atrás en una nube las definiciones: país, comarca, planeta, polvo. Por el retrovisor veo alejarse el horizonte estático.