Sobre la culpa

When I say darkness

I mean a lack of knowing

as in everything you do not know

“The cloud of unknowing”

Dos ascetas se refugiaban del calor del desierto sentados en una cueva, el sol perpendicular trazaba un ángulo agudo de sombra en la entrada mientras en el interior algunas moscas volaban ruidosamente en círculos. El mas viejo de los dos contemplativos llevaba muchos años aislado del mundo, tenía el aspecto que cabe esperar de un cuerpo expuesto a las inclemencias del tiempo y la implacable conducta meditativa. El mas joven, llevaba solamente un año y aún conservaba algo de la lozanía de sus tiempos de estudiante. La voz clara del viejo entonada con acento incierto dijo:

VIEJO. – La culpa anida en el corazón del hombre escondida a la espera de que la debilidad consume su falta. El pecador al ser indulgente quiere creer que su moral tiene la capacidad de estirarse según la necesidad del momento. Pero también nosotros debemos guardarnos de la vanidad que antecede a la culpa, y no vanagloriarnos de nuestras penitencias, ni ensalzar nuestras penas. Aquí entre fieras y rocas debemos mantener la pureza de nuestra misión centrando nuestro foco en la compasión de la deidad.

JOVEN. – ¿Cómo puede haber culpa sin deseo?

VIEJO. – El infame azote se alimenta de cualquier partícula sensible del pensamiento, está en cualquier decisión por pequeña que sea ¡hasta en las que dejamos de tomar! Y aquí es donde la trampa se hace profunda, porque lo que marcará el grado de culpabilidad será la suerte que tengamos según las elecciones que hayamos hecho, es decir que la culpa será menor si tenemos éxito y a la inversa nos hundiremos al culparnos por haber dejado de tomar las decisiones correctas.

JOVEN. – Alguna veces siento haber dejado a mi familia en la ciudad, y lo que es extraño tener la impresión que la elección de privaciones, soledad y ayuno, es mas fácil que la de las comodidades.

Un viento cargado de arena apretando contra la piel un calor solido y asfixiante, les obligo a cubrirse el rostro con las raídas túnicas que llevaban. Las ráfagas de a poco se fueron diluyendo, resaltando el silencio de la cueva. De una pequeña bota de cuero el viejo sorbió unas gotas de agua, luego entregándosela al mas joven retomó el discurso:

VIEJO. – La solución mas empleada consiste en no mirar atrás, en quitarle el peso a las elecciones tomadas (buenas o malas) por la determinación de aquel momento y que no puede ser desafiada a posteriori por el yo futuro, que puede estar en desacuerdo pero justificado por innumerables razones. Siempre habrá algún factor, persona, o circunstancia que acuda en pos de la defensa.

JOVEN. – ¿Se puede entonces escapar de la rueda?

VIEJO. – Algunas religiones persiguen la salida a través de una conducta consiente: realizar buenas acciones, practicar la caridad, no comer animales etc. Con todo el énfasis en el acto en si como algo bueno y personal, mas allá de la razón, desapegado. Pero este mecanismo centrándose en un aquí y ahora niega el alcance a futuro y así elimina la culpa, puesto que hasta una buena acción puede volverse en algo negativo, como aquella historia del medico que salva un bebe en el parto que luego al crecer viene a convertirse en un tirano despiadado. Otras se adjudican el control de la culpa de sus seguidores al poder eliminarla en forma de perdón (potestad auto adjudicada y refrendada por los creyentes) y así volver a dar crédito para futuras culpas que a su vez serán borradas las veces que sea necesario siempre que se retorne arrepentido y dispuesto a pagar el precio correspondiente en oraciones o metálico.

JOVEN. – En cuanto a la inmersión en esa…

La frase quedo sofocada por la embestida de dos leones hambrientos que al querer refugiarse del sol, habían descubierto a los ascetas en su cueva, agazapando sus largos y musculosos cuerpos llegaron avanzando a través de las piedras rojizas, cómplices de su pelaje. La matanza fue rápida. El festín que le siguió no fue de los mas abundantes pero los felinos dieron cuenta hasta del ultimo hueso. Luego entrecerrando sus ojos al atardecer se echaron a dormir sin experimentar ninguna culpa.

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