Desde una arista
adivino el abismo afónico,
tu alegria columpiando al viento cien oídos
(fustigar cortante del crepúsculo en mis labios).
Un resultado en misterio razonado,
que se muestra niño tal y como es,
y sonríe nacarado porque no sabe
y todo lo ignora porque sospecha;
pero corre como el canto en cascadas,
alegrando las sombras a su paso.
Aliéntalo el mundo a El y no a otros
(que en sus ojos cancelan la alegria
que no retumban en el eco de los bosques
que dormitan el peor selvatico de los sueños).
Como el hedor flotando en el tumulto,
la caravana voraz de mi angustia que casi te hiere,
pero perdonas melaza sin rencores,
y conduces documental
el soplo contenido
hacia
mis ojos de luna.