Hambre…

Una imprecación de labios contiguos,

el paseo se imita delante de mis botas

a pesar del deseo que ofende,

dilatando una corriente entre las piedras de mis huesos,

la premonición del impacto en las ideas.

Un día soleado se evapora ignoto a cualquier designio,

ojos que sopesan transeúntes periféricos,

ese indice arbitrario que llamamos atención,

rostros obligados

anhelando inducir la curiosidad de su rutina,

me eludo:

allí por donde

truena el soliloquio,

desprendiendo el velo del alma,

mis ojos de juncos zaheridos

o las risas

familiares,

el espíritu bulle en la superficie exacerbada

y retuerce,

cada silaba el espiral del ideario,

el ancla desmintiendo la deriva

la erosión de la caricia.

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