Una satisfacción derruida,
el paladar reconfortante.
Aún escalofrío acalambrado,
mientras
la estufa expira en estática,
y mis piernas se dobleentrelazan en
abrigo,
ignorando el absurdo de las sabanas.
Mi muerte
corteja
imaginarios,
brotando en veredas pasadas,
letras,
que hacinan el inventario final,
de promesas,
des
echas
en gestos.