Entre cobijas recónditas me agazapo dilatando la paciencia, un oleaje dispuesto a barrerlo todo, la tardanza de una piedra en el vacío del aljibe, el verano en el hueco de tus labios, fuego que se jacta en el foro de los que he sido, pero me contemplan con sarna, mientras en un ademan, el actual, les saluda viento con sabor a cenizas.
Recuerdo
jirones de noche,
ciertos vicios patentes,
naufragio en aguas claras,
una voz que calla el estruendo
haciendo alarde en arpegios
al ritmo
de tus intestinos,
mirando fiel reflejo amarillo,
la tarde encaramada
a un bonzai indeciblemente bello,
ahogando,
la luminosidad de mi estar,
sabiendose soñado,
sabiendose a secas,
el estado es una injerencia del tiempo sumado
a la desesperación nada musical,
de este desvarío.
Mis lagrimas penden racimos industriosos. A ti alma te compilo estos versos, a ti que te desquitas como un reptil desinteresado para luego manar eruptiva con la agilidad convexa de los recuerdos de la infancia, elevandote sobre ese mar interior que te refleja en los espejos, vestido entallado de mortaja, sentada sobre el trono de la palabra huérfana, no te encuentran ya las descripciones de los vivos, tan tranquila te meces en lo eterno, mientras se prosterna evidente la esperanza, escanciando el vino mas amargo…… Eco que repites? … no seas ladino y calla.