Corretean los minutos en el juego,
que les toca apenas un segundo,
me entristece verlos alejarse,
llevandose ansiosos
el perfume de la tarde,
que obedece en dimensiones,
de forma indivisible,
al hilo del presente.
Un azul estancado, el cielo de tu rostro,
la brisa concéntrica o los objetos cotidianos,
que doblan
en inabarcable esperanza,
miríadas de soluciones.
El futuro saluda el olvido,
derramadas imágenes
que aferran indelebles estas lineas,
en otra tarde peculiar.