Naufraga el día
una mueca resignada,
presuroso
al oído
te susurro
el secreto paralelo
la tristeza de las farolas,
que incitan
el calor de tus ojos
anhelando
quizás el tiempo
que ya cierra su párpado.
Naufraga el día
una mueca resignada,
presuroso
al oído
te susurro
el secreto paralelo
la tristeza de las farolas,
que incitan
el calor de tus ojos
anhelando
quizás el tiempo
que ya cierra su párpado.
Corretean los minutos en el juego,
que les toca apenas un segundo,
me entristece verlos alejarse,
llevandose ansiosos
el perfume de la tarde,
que obedece en dimensiones,
de forma indivisible,
al hilo del presente.
Un azul estancado, el cielo de tu rostro,
la brisa concéntrica o los objetos cotidianos,
que doblan
en inabarcable esperanza,
miríadas de soluciones.
El futuro saluda el olvido,
derramadas imágenes
que aferran indelebles estas lineas,
en otra tarde peculiar.