La niebla que enferma mis ojos…

(La niebla que enferma mis ojos en un blanco de contornos me rodea)

– … ¿de donde viene tu voz tan nítida?

– Aquí mi amor , detrás de tu conciencia me articulo y soy feliz a la manera incorpórea del recuerdo.

– Entonces ¿no es mas que mantener esta conexión de pensamientos transmigrados?.

– Podría ser una solución, aunque a la larga las necesidades fisiológicas se impondrían, grande seria un cuerpo que solo pudiera vivir de un amor como el nuestro.

– Solo encuentro beneficios en esta locura, porque solo puede ser una rematada y absoluta locura, si te encuentras tan lejos.

– No nos aboquemos al análisis minucioso de los hechos pragmáticos y disfrutemos de este paréntesis de las leyes.

– Debe haber algún registro en el pasado amoroso de los siglos, de algún caso similar, quizás el hecho de no haberlo deseado haya jugado algún papel clave.

– Simplemente te siento, de la manera mas casera y displicente, tu temperatura corporal esta desatada como si el estado febril sirviera de excusa.

– Desde que nos separamos que vago por las calles absorto en el pensamiento concéntrico de tu ausencia siguiendo el ritmo cadencioso de mis pasos escurriendose en una realidad que no me pertenece y ahora que me llega, tu presencia me amalgama.

– Cuidate de no ser arrastrado en la cascada que propone el amor desesperado, quizás por eso sentí la necesidad de encontrarnos , de rescatarte de mi.

– Quiero abandonarme a este lado del espejo donde flotan nuestras voces y el cariño amable de tus palabras me arropa, aunque temo que espontáneo como empezó se interrumpa.

– Tan típico es que los amantes disfruten a partes iguales de su pasión presente como de las desventuras futuras que es vano repetirlo, así que enfoquémonos agradecidos en el misterio.

– Quizás si no interrumpiéramos la conversación , como la creencia en los mantras que sostienen el universo.

– No funciona así el equilibrio de este paréntesis que camina por el cable que crearon nuestras psiques, tiene un carácter mucho mas básico , con matices de aquellos deseos irreales y adolescentes.

– Como me hubiera gustado conocerte entonces! y así alargar nuestro amor hacia atrás.

– Nos hubiéramos entendido entonces como ahora ya que nuestra fuerza reside en la convicción absoluta de pertenencia desinteresada, en la promesa que repetimos al mirarnos y que cambia con los años pero que no sucumbe a las diatribas comunes.

– Entiendo en los huesos lo que dices, de solo pensar en los falsos romances que tuve hasta conocerte, como comparar un resfriado con una dolencia terminal.

– El hecho de no creer en el tiempo como desgaste sino como desperdicio de tu ausencia.

– Me enajenan las formulas que usan para explicarnos.

– No escuches los ecos que a la larga se amontonan y confunden, fundamos un abrazo a donde quieras que estés, como en aquellas noches en que  juramos perpetrarnos en cariño.

– Se ablanda tu voz, y se aleja como un bote a la deriva.

– Redoblo mis esfuerzos mi amor, te deseo y me entrego al universo!.

– Ya no te escucho! mis manos en ademanes recorren vacias los circulos que describen……

(Y la presencia inequivoca del tiempo marca el murmullo de mi alma arrastrando el método usual de contemplar el mundo en un análisis desapegado, sumergido en la experiencia recurrente)

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