Alacenas
ceniceros
pizarras
engranajes
herramientas
piernas
secuoyas
escarchas corrientes.
Remolinos
sombras
muros
hambrunas
cansancios
arenas
sacudidas en oleajes.
Puentes
moras
gusanos de seda
emires
salares
pastos
y el ozono que embelesa,
fenomenicos truenos mitológicos
tu recuerdo
extrañar mas que el dolor
molinos que repiten
círculos
y el asfalto implacable.
La pendiente lo deslizaba paliando la gravedad, tercas las manos respondiendo al manubrio, gobernaban la bicicleta en inercia irrefutable, algo había sucedido, algo categórico en irrisorios niveles químicos pero estimables , como si por fin hubiera dado con la formula premonitoria, lo enfundaba una suave parálisis que respondía a la intención de no tener que tomar decisiones nunca jamas, sino remolcar su masa hasta las conjugaciones y circunstancias correctas y allí postergarse como un objeto desvencijado en el altillo, que la percepción superpuesta a los hechos hiciera el resto, antagónico a la realidad su razonamiento freno en seco como queriendo no atropellar la falacia, desoyendo al curioso vendedor que llevaba dentro siempre dispuesto con su maleta de falsedades resolutivas a medida, quería aplicarse al momento, el infierno son ideas que no cesan, pensó, mientras el viento ignoraba que olía a jazmín, y el, de cualquier manera seguía pedaleando…