Alacenas…

Alacenas

ceniceros

pizarras

engranajes

herramientas

piernas

secuoyas

escarchas corrientes.

Remolinos

sombras

muros

hambrunas

cansancios

arenas

sacudidas en oleajes.

Puentes

moras

gusanos de seda

emires

salares

pastos

y el ozono que embelesa,

fenomenicos truenos mitológicos

tu recuerdo

extrañar mas que el dolor

molinos que repiten

círculos

y el asfalto implacable.

La pendiente lo deslizaba paliando la gravedad, tercas las manos respondiendo al manubrio, gobernaban la bicicleta en inercia irrefutable,  algo había sucedido, algo categórico en irrisorios niveles químicos pero estimables , como si por fin hubiera dado con la formula premonitoria, lo enfundaba una suave parálisis que respondía a la intención de no tener que tomar decisiones nunca jamas, sino remolcar su masa hasta las conjugaciones y circunstancias correctas y allí postergarse como un objeto desvencijado en el altillo,  que la percepción superpuesta a los hechos hiciera el resto, antagónico a la realidad su razonamiento freno en seco como queriendo no atropellar la falacia, desoyendo al curioso vendedor que llevaba dentro siempre dispuesto con su maleta de falsedades resolutivas a medida, quería aplicarse al momento, el infierno son ideas que no cesan, pensó, mientras el viento ignoraba que olía a jazmín, y el,  de cualquier manera seguía pedaleando…

Los pasos …

Los pasos resonaban contra el pavimento con una cadencia obscena mientras el discernimiento se sumía en aquelarres, semoviente contemplaba desde fuera la supuesta concatenación de las ideas, que sin darle mayor importancia comprobaban su locura,  con la calma aparente que revestía se sentía blindado al juzgamiento que toma por apariencia la costa que es la piel, mientras  refulgía incandescente  en su fuero la comprobación de estar perdiendo el rumbo , empero la luz se extinguía en contornos escurriendose de sus pupilas , un gesto transeúnte lo devolvió  a sus cabales , quizás la marcha forzada por la exacerbación y su correspondiente sudor obraran para aterrizarlo  inmediato a la realidad, es sabido , y el mas que nadie no ignoraba que la tranquilidad proviene de un método sistemático que debe ser abordado desde ángulos variados, para así como una bóveda alcanzar la solidez que resista los embates del delirio, red entramada de justificaciones coherentes, pero cuando comprendía que su estructura carecía completamente de apoyos sustanciales,  que el sistema encallaba en la falta de credibilidad que el mismo quería imponerse como un debate entre un maestro versado en dialéctica y su novicio que no comprende los dilemas morales, aunque por momentos disfrutara en el abandono del intelecto, y ver desde fuera la ciudadela vacía , incansablemente asediada, mascullando ese letargo se condujo como embriagado por el torbellino hacia un banco de plaza, en el que recostó sus miembros extenuados por la tensión nerviosa, sus temblores contrastaban con la luminosidad ensolarada del fin de tarde de agosto, en esa tregua de movilidad encontró un remanso que dejando paso a la ansiedad de llegar a algún lado como solución se desplegó en un bálsamo anodino, la claridad yacía inerte en su alma como un escarabajo obstinado en caparazón, sus gestos se crispaban respondiendo al baiven interno, si al menos hubiera una causa a que achacarle la incoherencia , una dulcinea que explicara deux ex maquina su comportamiento , un justificante avalado por los cánones culturales, pero sabiendose desprovisto de excusas, sintiose desnudo ante el comité psiquiátrico con aire de chiquillo que llora porque sabe que ha obrado mal y siente el injusto  remordimiento de haber cedido a la tentación , un suspiro lo sobresalto en alerta, algún mecanismo todavía funcionaba paralelo a su voluntad, y la gobernación de la maquina respondió al exabrupto físico como punto de partida hacia otras diatribas menos obscuras, la solución yogui del aquí y ahora no solventaban la inquina como tantas veces ni las salidas tengenciales de vagabundeos a responsabilidades inmediatas, mientras se enjuagaba el sudor de la frente y peinaba sus cabellos con aquel gesto practicado para aleccionar el flequillo hasta la posición deseada, sabia por experiencias pasada que su estado actual distaba mucho de un ataque de pánico , que surge eruptivo revelando la conciencia de la mortalidad y arrolla a su paso los prados de la seguridad cotidiana, el presente distaba opuestamente al descontrol del arrebato o la taquicardia desesperante del exabrupto, era mas un río desbordado que corroe los contornos, que avanza sobre el paseo y los parques aledaños, con esa calma desprovista de tragedia que se quiere achacar a la naturaleza, ni si quiera podía apoyarse en la lastima futura de sus afectos mas cercanos que tendrían la misma explicación que hay para todas las desgracias mayúsculas que sacuden la rompiente que protege las plácidas arenas del día a día, el regocijo de su desgracia lo sedujo por un momento en esa auto complacencia del enfermo atendido en mil cuidados, mientras las pávidas sombras avanzaban tímidas, algunas luces discolas descomponían el crepúsculo, en lo profundo de su alma yacía intocada la seguridad , basada en la prístina revelación que adopta varias formas ora de voces ora de alucinaciones cuasi palpables,  de no ser nunca mas el mismo de que su mundo interior se había fracturado como un primigenio rostro ajado, mientras se contorcía en un ultimo espasmo, relajandose en el relevo psíquico de no tener que seguir en vilo, aplastando las hierbas asustadas, se abandono a la música que resonante,  todo lo invadía……