Ajenas las piedras se erigen,
eclécticos edificios rehechos,
forzando recta sombra en el cemento;
el aire inmortal,
erosiona los muros y la gente,
que sueñan lejos del presente,
repetidas ocupaciones mundanas,
plasma de cielo sin condiciones,
que pone en retirada el intelecto.
La ciudad acata la orden,
reiterando cansinas inquietudes,
que no hablan de arboles ni amores,
como refugio en el desierto
se aparece el espejismo de tu oasis,
ignorando la certeza del engaño,
me regocijo en le brisa de tus besos,
y me abandono sin saberme,
salvado
o loco.