De improviso…

De improviso

se vio atrapado en la sintaxis de explicar las cosas,

una descripción grandilocuente con matices de atardecer imposible,

las aventuras y desamores,

que hacen la montaña descriptiva en un  acumulo de renglones,

se niega a  quedar atascado en el resumen poético que lo ata en economía;

es tan triste verlo desde afuera

y escuchar su cabeza ronroneando en círculos,

apilando adjetivos

se superponen

confundiendo el verbo,

sobrevolando la carroña asequible

de la inmunda prosa minuciosa.

Ajenas las piedras…

Ajenas las piedras se erigen,

eclécticos edificios rehechos,

forzando recta sombra en el cemento;

el aire inmortal,

erosiona los muros y la gente,

que sueñan lejos del presente,

repetidas ocupaciones mundanas,

plasma de cielo sin condiciones,

que pone en retirada el intelecto.

La ciudad acata la orden,

reiterando cansinas inquietudes,

que no hablan de arboles ni amores,

como refugio en el desierto

se aparece el espejismo de tu oasis,

ignorando la certeza del engaño,

me regocijo en le brisa de tus besos,

y me abandono sin saberme,

salvado

o loco.