Adiós…

Adiós a un instante,

que persigue irrevocable,

la procesión de estas lineas.

Decantando en pretérito,

la intención pluscuamperfecta,

adiós a otro instante….

Conversación con Bukowski:

Camino por la fina lluvia entrecerrando los ojos por las ráfagas , sintiendo  las gotas deslizarse por mi rostro, me apreto pegado a la pared disputando con los transeúntes la protección de los balcones , cada tanto , alzando la vista enrrededor , tengo la sensación de irrealidad que a veces me asalta al contemplar la rutina incontestable, llego a la esquina a la hora prevista por el semáforo y sorteo una convención mas entre paraguas atolondrados, grupos de turistas multicolores se refugian de la cortina perpendicular de agua que insiste, el mundo tiembla mas que nunca en su normalidad empecinada, el proceso de razonamiento permanece impermeable, sigo esquivando las piezas cada vez mas abstractas contra la humedad que refresca sin importancia, desconfío de la sensación de bienestar que me provoca la calle semi desierta, gente en cualquier sitio sin orden aparente rebuscando en lo mas común de sus tareas anodinas, cada limpio minuto que se escurre avanzando paso a paso mientras las suelas se funden en los charcos espaciados por la pendiente….

Es la hora de cerrar los ojos…

Es la hora de cerrar los ojos,

una caricia que alimenta,

a través del tacto,

esa ansia de pavura,

la noche tapiada en oscuro,

sobrecoge los sentidos infantiles,

que sospechan del cántico somnífero,

besos y caricias oportunas,

rehusandose consciente al cansancio,

de la nana.

Alejando irreparable un susurro anhelante,

queda en pos el cariño,

y con el ultimo esfuerzo lo remolcan,

grifos fantásticos o aterradores,

en la brisa de la noche,

amalgaman desvaríos,

para solo volver,

liberado,

en la próxima aurora.