La hora de la borrasca acucia,
el viajero apavorado,
recorre caminos inexplorados,
saberse perdido a cada giro de la rueda,
exento de guías o señales que le apunten ,
millas de tregua,
habiendo recorrido la mitad del camino,
la vida se presenta
como suele verse al abismo de la cordura,
e intenta en vano , apoyarse en viejas premisas,
que no se aplican al frenesí
donde ha fracasado el amor,
donde se funden la ira y el hastío,
antes de entregarse a su destino,
se lamenta de su suerte,
su rostro empapado,
sonríe a la lluvia.